Copyright © autoficción at its finest
Design by Dzignine
miércoles, 30 de diciembre de 2020

Hoy

Pensé que iba a ser diferente. Pensé que me iba a doler, pero fue algo que quedó a medias. Amé sin medida y lógica en tiempos en los que creía en el amor y esas cosas. Su carácter me fascinó bastante. Tan fuera de lo ordinario. Serio, pero con sentido del humor. Guapo, inteligente, y gamer. He querido a muchos pero ninguno como a él.

Creía que se podría. Que aún existiría alguna posibilidad. Que nada es estático y que, cuando menos lo esperara, volveríamos a estrecharnos la mano como viejos conocidos, y que aparte de decir cuánto tiempo también estaría pronunciando un pensé que nunca pasaría. Sonreí. Y justo semanas atrás pensé en esto; que ya se estaba tardando.

Descubrí que la razón por la que no podía acomodarme bien el fleco era porque las "entradas" están más remarcadas que en otros años. Mis viejos pantalones me quedan en todo excepto en mis caderas. Siento que transito una segunda pubertad. No soy lo que era, y las cosas ya no son como una vez fueron. No mantuve viva la esperanza, pero la idea quedó asida a mí en forma de ilusión.

Dicen que la esperanza muere al último, y Aristoteles dijo que la esperanza es el sueño del hombre despierto, pero yo estuve dormido.
sábado, 12 de diciembre de 2020

Se supone que no la iba a ver

Pero me aventé toda la película de The Human Centipede. Me acordé de un crush que me apena admitir que fue mi crush. Él estaba obsesionado con ver esa película y yo no podía sentir nada más que repulsión por el tema. Esto es revelador. No solo porque el morbo pudo conmigo, sino que me entretuvo, y no sentí repulsión exagerada con las escenas.

¿Crecí? ¿Soy mentalmente más resistente a este tipo de cosas? ¿Será que en el futuro veré las demás?
jueves, 1 de octubre de 2020

Cambios y despedidas

Hoy he cambiado de celular, después de cuatro años (que se siente como si fueran más). Esto quizás no sea algo trascendental para muchos pero hay algo en todo esto que me genera nostalgia. Pero, antes de comenzar, diré breves antecedentes. En una casa de empeño conseguí un Alcatel, tan bonito que muchos pensaron que traía un iPhone. Me duró meses hasta que una mañana tomé un taxi sin él. Por azares del destino un profesor de inglés cambió de dispositivo y me vendió el que dejó de usar (un S4 mini) y desde entonces fijé a Samsung como marca de confianza.

Una de las cosas que más odio del invierno es tener que usar varias capas de ropa. Siento que no siento nada, por decirlo de algún modo. Soy muy torpe con mis manos si es que éstas están forradas con guantes. Lo mismo me pasa con las chamarras; no siento lo que traigo conmigo. Así fue como, cruzando una avenida, dejé de escuchar música a través de los auriculares. Pensé "bueno, al menos esta vez sí noté la ausencia de mi celular, y estoy cerca de donde se me cayó".


Sin embargo, un camión había pasado por encima de él. De todos modos tenía pensado cambiarlo, sí, pero no quería que acabara de esa forma. Fuiste grande, vaquero. Su reemplazo fue un Grand Prime. Conseguí un modelo en color negro porque en esas cuestiones así me agradan los gadgets, pero al día siguiente de su debut lo mandé a atención a clientes porque una linea vertical de pixeles habían perdido color.

Lo tengo en blanco y rosa, ¿cuál prefiere?, me dijo la señorita. Y un Grand Prime blanco me acompañó a todos lados hasta el día de hoy. Era inminente. Cuatro veces lo formatee en lo que va del año. Las apps ya no estaban construidas para su capacidad, y su almacenamiento se estaba volviendo obsoleto. Cada vez están más lejos esos días en los que guardábamos nuestros avances en memory cards de ocho megabytes. Y pensar que existieron días así.

Un amigo me facilitó el cambio, y aunque la mudanza se ha prolongado un poco, hoy me acompaña otro smartphone en el bolsillo. Lo admito, no quise dejar a su antecesor de lado. Sin embargo, verlos lado a lado era desfavorecedor. Parecía que estaba viendo un Samsung Ace en lugar de un Grand Prime. Creo que el sentimiento de nostalgia se debe a que en esta ocasión soy yo el que decide, el que incita al cambio, no el destino y el porvenir, mismo que me indicaba que era tiempo de renovarse en cuanto a tecnología (y estética, porque nunca está de más).

sábado, 1 de agosto de 2020

Trabajando ando

Y no puedo creer que ya pasó un mes desde la última vez que escribí algo aquí. No es que no me haya pasado algo interesante... pero llego a casa con más ganas de dormir que de otra cosa. Pienso que pude haber encontrado un trabajo mejor pagado, o con un rango superior en muchos aspectos, sin embargo, me mantengo firme.

Me elogian por algo que hice sin intención alguna de destacar, y siento que subo un escalón. Me equivoco en algo que se supone que sé cómo funciona, y siento que bajo un escalón. Me aflige. Le pienso constantemente que ya parece que analizo la situación, pero me mantengo firme. Pensarlo de más no evitará que te vuelvas a equivocar, me dijo un compañero y esa ansiedad se disipó como por arte de magia. Me ayudó mucho.

Durante un tiempo soñé que viajaba en avión. A veces iba en mi asiento, o hasta en la cabina de pilotaje, pero el desarrollo siempre era el mismo: el avión jamás despegaba. Irónicamente, la noche anterior, soñé que manejaba una camioneta. No, no sé manejar, pero en mis sueños pude, con todo y ese nerviosismo con olor a primera vez.

Luego pienso sobre el sedentarismo. Me molesta sentirme y saberme aburrido en algo que en su tiempo disfruté o que tengo que realizar quién sabe hasta cuándo. Lo que más me molesta no es el sentimiento como tal sino que llega de manera prematura, pero como he dicho en las últimas semanas, esa incertidumbre le pertenece al futuro. Lo único cierto es que debo mantenerme firme.


miércoles, 1 de julio de 2020

No puedo dormir

De morro quería un diario. Una ocasión estuve cara a cara con el diario de un tío (homosexual, por si sentían que algo no cuadraba) y quedé maravillado durante los dos segundos que estuvo a mi alcance antes que me fuera arrebatado por su autor diciendo que no podía leerlo. Son cosas peligrosas. Palabras escritas con ácido. En ese momento quise uno aunque mi grado de homosexualidad saliera disparado a nueve grados en escala de Richter.

Tuve uno. Ni alcancé a escribir la fecha cuando dos ideas me acorralaron de manera abrupta: ¿qué vas a escribir si ni sales de casa? ¿Reseñas de Dragon Ball, acaso? La segunda fue: ¿qué pasa si algún día el diario deja de estar a tu alcance? ¿Quién leerá lo que se oculta por entre sus páginas? Ya no lo tengo. Y cuando nos reencontramos ni tiempo tuve de exterminarlo.

Se habrá perdido por la vida pero su incertidumbre vive en simbiosis con mis USB. Lo peor de que me roben el celular no son archivos sin respaldo que perderé... ¡las cuentas abiertas en el sistema serán las más afectadas! Recordé una de las tan acertadas frases de Fight Club:

"Lo que posees acabará poseyéndote."

Y sin embargo, aquí estoy, blogueando como si no hubiese un mañana, lo que viene siendo el equivalente a diario para mí e inversamente proporcional a lo que sea que haya escrito a puño y letra; se presume contenido sugerente e insano. Odio y amo la fuga de ideas en la madrugada. La odio porque me arrebata el sueño y la tranquilidad, y olvidé por qué la amo. Si no es eso, será otra cosa. Y sea lo que sea, siempre hay una duda en mí cuando todos duermen.

¿Quién mató a Kaji?
martes, 23 de junio de 2020

Algún día valdrá la pena

A veces dudo sobre la importancia de pensar en lo que no fue. Y es que, a veces, uno entra de lleno en recuerdos y cambia el rumbo a su antojo de mil maneras. ¿Qué beneficio podría traer de lo inexistente y de lo que ya fue? A simple vista: nada.

Recuerdo, cuando comencé a ir al gimnasio, haber pensado "si hubiera ido cuando tenía quince, otra historia (y otro cuerpo) sería". Semanas después dejé de ir. Meses (si no es que años) más tarde pensaba "si hubiera ido continuamente y no me dejara apachurrar tan fácilmente por mí, otro cuerpo (e historia) sería".

Qué pinche costumbre, de veras. Me pasa cuando una playlist o álbum acaba. ¿Qué escucho ahora?, y me debato entre lo seguro y lo incierto. Si me gusta, saldré ganando. Y si no, también; supongo. Al menos sabré de qué va aquello que desconocía hace unos instantes. Así debería ser en todo (o casi).

No hay que dudar en la eficacia del cambio, más que nada porque el esfuerzo mínimo o enorme se verá reflejado a su debido tiempo, pero sobretodo, cuando menos se espere. Lo que preservas y lo que dejas ir, algún día tendrá valor. Sin presiones, ni fantasías. 
martes, 9 de junio de 2020

Será

Quiero creer que las palabras tienen el poder de indicar el destinatario sin necesidad alguna de escribirlo per se. No importa la combinación ni el grupo de letras que se use. Pareciera que, con solo pensarle, se le adjunta de lleno en el texto.

No es cobardía, sin embargo, hacerlo enigmático y no incluir siquiera una anécdota que le confirme al receptor que de él se está hablando. Reciba o no el mensaje, reciba o no respuesta, me gusta pensar que "la carta" no se ha extraviado.

Tardará, como todo lo bueno. Y si no, quedará por lo menos prueba alguna de que el designio estuvo allí; en algún lugar, pero existió. Quizás no fuera escrito en piedra pero sí con buenas intenciones.
martes, 2 de junio de 2020

Life of Cu(arentena)

1. Jugué tres veces Resident Evil: Survivor. Muchos lo consideran el peor juego de la saga pero a mí me divierte mucho. No saqué el lanzacohetes con munición infinita, pero me divertí.

2. Jugué, también, Revelations. Juegazo. Muchas misiones y muy cortas algunas. Se ve que nació en una portatil. El Revelations 2 me está gustando también aunque me costó bastante adaptarme. ¿Por qué le cambian las acciones a los botones y de paso le añaden más cosas? Siento que el framerate baja, y culpo el filtro de grano de película por eso. También es un lío con los botones del Switch. Me acostumbré a que x fuera para aceptar y o para cancelar.

3. Ya no sé si escucho las mismas canciones porque me gustan o porque no ha habido otras que las reemplacen.

viernes, 22 de mayo de 2020

Confesión I

Lamento mucho haber destacado tus cualidades demasiado tarde. Sabes que si no lo hice fue porque lo tomarías como "alas", y sabes bien que las cosas se estropearon conmadre sin necesidad de ello. Me quedó clarísimo al soltarte un "de verdad te estaba sintiendo". Se me salió, sí, pero fue sincero. Sin lugar a dudas me consta que habrías sido un novio perfecto para mí por demasiadas cosas que no viene al caso mencionar. Aunque te hayas alejado de mí, le llores a quien que solo absorbe tus mejores años y tu juventud, y te hayas vuelto un fuckboy, sí tenía deseos de intentarlo contigo el año pasado. Suerte; aún te pienso.

viernes, 24 de abril de 2020

Bitácora en cuarentena

1. Hoy no quise usar números romanos.

2. Llegué a los 10,000 scrobbles. Lo esperé paciente para capturar el momento y después: nada. ¿Y ahora qué? No lo sentí como una victoria pírrica, así como los corajes que hice tratando de sacar el platino de God Of War en Vita, y luego para saber que la lista de trofeos está glitcheada y que tendría que repetir algunas cosas más de dos veces para ganar los trofeos pendientes. Eso sí fue un gran bah.

Escuché más de diez veces seguidas esa canción y no me las registró. :|

3. Creo que la gente me ignora a propósito. Seguro se enteraron de manera colectiva de algo relacionado conmigo y por eso no me responden los inbox ni whats. Pero no, mi vida está repleta de malas decisiones, no de actos moralmente incorrectos. Ya sé que todos tienen una vida a parte pero, ¡se supone que están en casa!

viernes, 17 de abril de 2020

Cigarro

No soy fumador pero por experiencias como estas ya puedo considerarme uno.

I.

Tuve un muy buen amigo fumador en la preparatoria. También conocí una chava que fumaba tanto que hasta la apodamos ferrocarril. Recuerdo que él fumaba tanto pero nunca le pregunté por qué le gustaba. Por 'ay escuché que el cigarro es el biberón del adulto, y ahora que lo pienso más ganas me dan por saber algo que no me incumbe.

II.

Un compañero en mi primer trabajo fumaba a tal punto que ni te pones a pensar cuánto consume por día porque es algo que ya asocias con su persona y lo ves natural. Quien fumaba más era su camote pero por alguna razón me recuerda más al otro y a sus carnes asadas que me dejaban la ropa impregnada del humo del carbón y cigarro.

martes, 14 de abril de 2020

Momentos

I.

Recuerdo que me sentía un cubo Rubik cuando te conocí. No hallaba forma de componerme, y la dificultad que me representa armar uno hace que me desanime y lo bote. Me hubiera gustado que conocieras lo que soy ahora pero sé que me sentiría el mismo de antes si siguiéramos frecuentándonos.

II.

Tu voz se pierde en la nada pero vuelve con fuerza al escuchar tus risas plasmadas en .mpeg4 (¿o es .avi? No recuerdo, y no importa). Hace meses vi un chavo que se parecía bastante a ti en Barrio Antiguo y no pude dejar de verlo. Me imaginé paseando contigo por esos rumbos y la idea me provocó escalofríos y algo parecido a un retortijón (la idea me gustó, pues).

viernes, 10 de abril de 2020

Las pequeñas cosas de la vida

Hoy no trabajé y eso me genera un sentimiento de incertidumbre. Siento que, de la manera más cordial y discreta casi rayando en lo subliminal, me han desocupado. Quiero creer que no es así pero soy muy testarudo y si me lo propongo le puedo encontrar inseguridades a las hormigas.

Qué irónica es la vida, por eso me cae bien a veces. Caí de nueva cuenta en un lugar donde el esfuerzo físico es elemental. Apliqué conocimientos que creí nunca más necesitar. Hubo días donde ya no quería ir por cuestiones tan insignificantes y hasta sopesé la idea de nunca más volver, pero al final asistía. El virus mata más que personas. Pausa muchas cosas excepto el tiempo y eso es lo más cagado de todo. Pinche virus, haces más de lo que uno pudo pronosticar.

Quisiera volver, aunque eso no suene muy prudente. Quería un día de descanso para relajar los músculos y lo que ahora quiero es volver a ese desgaste llamado trabajo. Le agarré más cariño del que creí poder tener hacia éste. Al final, lo que tenga que ser, será. Una puerta puede llevar a otra, y la distancia que le separa puede ser tanto próxima como extensa. Lo importante aquí recae en no detenerse.
martes, 7 de abril de 2020

📖 Saltos dimensionales (y de géneros literarios)

Este libro es un regalo de navidad por parte de un buen amigo. Recuerdo que cuando me lo entregó pensé que se trataba de Stephen King, no solo por el nombre sino por la estética de su portada. Pensé: vaya, quién diría que acabaría por leerle tarde que temprano (por alguna razón no me animo a leer sus novelas). Al ver que no había un "King" al final sentí alivio... hasta que vi el "autor de Las Ventajas de ser Invisible". No he leído ese libro tampoco, pero sé más o menos de qué va, y sobretodo su longitud, lo cual fue sorpresivo para mí tener un libro opuesto al ya mencionado.
sábado, 4 de abril de 2020

Post onírico

I.

Siempre quise ser Spider-Man, desde los ocho*. Hace poco soñé que lo era y me generó un colapso emocional tremendo. Qué feo es sentir que eres el blanco de tantos.

*La cifra puede variar.

II.

Mis pesadillas nunca se asemejan a las películas de terror. Al contrario, resbalarme en medio de una multitud y que todos se rían y me apunten es el mismísimo infierno.
domingo, 22 de marzo de 2020

Las quiero en Spotify

Así es. Me entregué a la era del streaming. Ignorando la incómoda etiqueta de "problemas de primer mundo", uno olvida cómo eran las odiseas por las que se tenían que pasar para encontrar una película con buena calidad antes de semejantes comodidades. Lo mismo con la música. Me hago dependiente al grado de olvidar que existe un amplio panorama fuera del cuadro. Dejando de lado esto que no es inconexo pero sí fuera de lugar, no me dolería tanto pagar el premium de Spotify si todas las canciones de la Sonora 100% Pura Dinamita de Anaidita estuvieran ahí. Haré una lista aquí porque nunca está de más hablar de música y hacerlo en blogger, al parecer, es regla de oro.

  • Estruendo - Alas Rotas
De momento, ésta es la única canción a la que le he dado un ❤ en lastfm. Soy selectivo en esas cuestiones. Pienso destacar como favorita a todas esas canciones que trasciendan el tiempo y sobrevivan a mis cambios personales. Alas Rotas es una de esas canciones (para mí, claro, claro).

viernes, 20 de marzo de 2020

Arrepentimiento

Otro verbo difícil de consumar al cual no suelo recurrir. Esta insolencia tiene como fundamento la idea de haber vivido de la forma en como mi yo del pasado quiso. Sí, existen vivencias, palabras, cambios, todas ellas provenientes de mí, que ocasionalmente me sacuden la mente, pero las calmo con un "ya qué"; "viven en el pasado y la mejor forma de enmendarlo es aprendiendo de los errores".

Parece que no todos logran reconciliarse con esto. El otro día alguien me confesó arrepentimiento a raíz de un evento compartido y del cual yo ni me arrepiento. Eso es algo del pasado, respondí. No quise molestarme pero así me sentí, molesto. No sé si por su débil moral o porque no lo vi venir. Pensé: eso no quedará en la consciencia de nadie más que en la tuya, porque tú fuiste quien empezó todo. Sin embargo no dije nada. Mucho martirio parece llevar consigo.

Creo que tengo la moral caducada. Hace tiempo que las experiencias me secaron por dentro como un árbol. Sigo respetando cada amistad por igual pero parece que no titubeo ante la más mínima provocación. Me veo como adolescente precoz, o urgido en el peor de los casos. Diría que es porque me gusta el sexo, como a todos, pero disfruto más el camino que me lleva hacia allá.
martes, 10 de marzo de 2020

Madame X

"La belleza se da en la fusión de un contenido intelectual y un campo perceptual, gracias a la cual se revela un concepto de la realidad." — Walter Terence Stace (The Meaning of Beauty).

Recuerdo que cuando se lanzó el primer filme de la serie Rebuild de Evangelion, habían dado a conocer que el proceso sería lento y que tendrá que pasar por lo menos tres o cuatro años para que la siguiente entrega, y posteriores, fueran estrenadas. Al saberlo dije "¡Joder! La espera será eterna" (este año se estrena la cuarta y, supuestamente, última parte). Algo así ocurre con Madonna y sus proyectos musicales.

El proceso de cocción es lento, y su resultado varía de manera subjetiva reflejándose en comentarios como "que mejor realice un Confessions 2.0" o "los demos sonaban mejor". Es relativo. Pero, como mencioné previamente, el proceso es lento y en circunstancias así uno espera algo que satisfaga al receptor y a su vez compense su reiterada ausencia. Veníamos de un proyecto musical enorme y muy ambicioso, donde muchas manos moldearon un trabajo que acabó, entre prisas, con una consistencia un tanto heterogénea pero no por eso mala. ¿Qué se supone que debemos esperar después?

sábado, 22 de febrero de 2020

Nimiedades

El año pasado leí Cero K de Don DeLillo. Un libro cuya trama gira sobre la muerte, y la inminencia a este. Un libro el cual no me terminó por convencer como novela por su extraña forma de plantear eventos pero que, desde un enfoque más filosófico, resulta una delicia. Profundiza en nimiedades como el horizonte que los transeúntes han de percibir a su paso, el vagabundo sobre la banqueta que estos ignoran por completo y, mi favorito, las gotas de agua sobre la pared que al descender y unirse a otra caen de manera progresiva hasta perderlos de vista.

Momentos así están destinados a extraviarse y no ascender a la posteridad por su destacable insignificancia. Momentos que viven dentro y fuera del cuadro. Momentos que pueden definir algo o nada en absoluto. Me remontan a un pensamiento leve pero persistente al transportarme en autobús: imaginar que esa pareja tomada de la mano, o discutiendo, o esos niños jugando, o esa botarga de doctor bailando, podrían ser la última cosa que vea si es que mi camino cesa, aquí y ahora, de manera abrupta.

Su irrelevancia me conmueve. Nadie parece apreciarlas por su naturaleza. También me aflige, porque ese ciclo es inminente en todo lo que existe, a su debido tiempo y extensión. El elemento definitorio de la vida es que termina. Por mientras, apreciaré su belleza cuando quede absorto de, y tenga tiempo para nimiedades así. Como cuando esperé el autobús por media hora y, sentado, miré el suelo para ver qué tan sucio estaba pero en su lugar me pregunté: ¿cuántas cosas no habrán sucedido en el lugar que por ahora ocupo?

"¿No es la muerte una bendición? ¿No define el valor de nuestras vidas, minuto a minuto, año a año?"
jueves, 20 de febrero de 2020

Ni he escrito nada

Lo peor es que viene acompañado de un bloqueo literario, pero, no todo fue en vano. Ayer andaba de curioso alterando el código de una plantilla que usé meses atrás y me resultó muy fácil entender su composición, tanto así que lo medio personalicé a algo semi-minimalista. El punto es que encontré un código que planeo usar para spoilers.

Tócame el güiro

Y luego recordé que también existe algo llamado "color de fondo de texto" y que se puede leer si lo subrayo, pero bueno. El ocio sigue estando allí como quiera. 9_9

Le code para recurrir a este post cuando ocupe ocuparlo:

<span class="spoiler2"> other test </span>
lunes, 27 de enero de 2020

Hoy me acordé de ti, Sin Destinatario

Hay deseos que se rememoran más que las vivencias mismas. Añoranza a deseos que nunca ocurren. Deseos que afligen por su pronunciable lejanía de la realidad, por lo ajeno a nosotros, por ser (casi) imposibles, por ser la lógica que no se alcanza a entender. Latentes como un motor camino hacia lo inexistente. Experiencias que se sienten tan gratas y tan propias en sueños y que concluyen allí mismo, donde fueron concebidas, y donde solo pueden suceder.

27/01/20
Para esos amores no correspondidos, promesas olvidadas y una vida por delante. 🅰️

lunes, 13 de enero de 2020

La gracia de no saber

La curiosidad mata más que la ignorancia.

Allá por el 2005 había escuchado a alguien decir que esto de "la tecnología" (entre comillas para que se lea como adulto nombrando una consola como "el nintendo") era una maravilla, que porque se podía mantener contacto directo y en tiempo real con tus cercanos sin necesidad de marcarles o hasta enviarles cartas, y veía el Windows Live Messenger como una revelación. Qué dirá de todo eso ahora.

Luce muy anticuado pasar saldo de un número a otro por medio de un SMS. Esperar a que alguien esté en línea, ahí frente al ordenador o laptop, para andar de locuaz y novedoso mandando zumbidos o animaciones igual de molestas. Ahora todo eso se puede hacer echadote en cama o rumbo al trabajo o en la banqueta como un vil estorbo. Es tan fácil, por ende, saber lo que ocurre a espaldas de uno y que no imaginó que así resultan las cosas a tales horas; de tales formas, y con tales individuos.

Lo práctico resulta ser demasiado complejo. Ya con determinado conocimiento de causa incrustado en la cabeza, uno piensa que así será siempre con todo y con todos. Incomoda. Hace mal. Es dañino pero de algún modo (consideramos) necesario el saberlo. ¿Pero qué se supone que queremos saber exactamente? Saber lo que se hace a nuestras espaldas. Saber lo que no nos incumbe. Saber que estamos siendo excluidos. Nos hacemos perfiles falsos para hablarles y nos vamos echando madres porque nos enteramos de cosas mucho peores que van desde pequeñeces que no nos contó porque eramos su pareja y nos podríamos molestar, hasta saber que planchó oreja con el güey que tanto odias en el asiento trasero de su auto.

Hay verdades que están de sobra. No todo debe ser contado para evitar interpretaciones erróneas, dudas, o discusiones que ni al caso. Hay cosas que deben permanecer en la intimidad de uno. Por el otro lado, indagar si hace o no no sé qué, y más cuando no son pareja, es algo innecesario aunque nos podamos convencer de lo contrario. Mientras más nos importa, más querremos saber; mientras más se sabe, más se querrá no saber.

Los efectos de causas malintencionadas hacen mella en las emociones. La duda carcome, pero no todas deben ser esclarecidas. Y aclaro esto último porque de no ser por la curiosidad no tendríamos el fuego ni los smartphones, pero, en determinadas situaciones de caracter sentimental, cualquier acto de abstinencia debe ser considerado y hasta agradecido porque nuestra capacidad de imaginación es finita comparada a la realidad.
lunes, 6 de enero de 2020

📖 Los sobres amarillos de la muerte

Con anterioridad expresé mi desagrado acerca de iniciar el año leyendo un libro que no completé a finales del 2019. Y es que libros así acostumbraba acabar en dos meses, aproximadamente. Que quede claro que factores fueron muchos pero no desinterés por el libro en sí, o aburrimiento. Es una historia larga (lo cual agradecí en todo momento porque se supo mantener tanto por la línea de tiempo en la que la trama se maneja así como la magnitud por entre sus páginas), y yo venía acarreando un bloqueo lector que parece acabó aquí.

Esteban es un joven adulto empeñado desde temprana edad a "vivir el momento" hasta que un incidente en casa requiere de él una demandante cantidad de dinero para solventar los problemas presentes y los que vengan después. Así, circunstancialmente, termina por meterse en el negocio de "matar muertos en vida", donde la nula relación con su primer victima acabará por definir tanto su vida como el rumbo de esta.

Es menester mencionar que logré dar con este libro gracias a un contacto en GoodReads al cual ya lo denominé como mi "lector de confianza" (o sea que si en alguien puedo confiar en que de entre sus libros leídos y por leer encontraré alguno que se adapte a mis gustos y, sobretodo, me guste, ése es él). Tanto el título como la sinopsis generan un gran interés. Aunado a la escasez de unidades, me vi obligado a comprarlo desde ya (he hablado de dicha odisea con anterioridad). Una vez en mis manos, me tomé dos días para convencerme a leerlo porque sí tenia ganas pero aun estaba latente ese bloqueo que ya parecía huésped.

La historia corre a través de cuatro voces:
  • Esteban, el protagonista. Un hombre distante hasta con su familia, varado en un punto decisivo en su vida donde, al parecer, no termina por conocerse a sí mismo para saber siquiera lo que quiere y hasta dónde piensa llegar.
  • Elisa, hermana gemela del protagonista. Una mujer que ha hecho su vida trabajando como edecán, giro laboral del cual siente que ya no podrá ejercer por más tiempo.
  • Reinaldo, amigo pero sobretodo compañero de trabajo de Esteban. Es él quien lo induce en este negocio para solventar de manera rápida los problemas económicos a los que se enfrenta.
  • Laura, hija de quien fuera la primer victima de Esteban. Ante la inquietante duda de saber quién era realmente su padre como para que lo asesinaran de esa manera, decide indagar por su cuenta en terrenos desconocidos para ella.

A lo largo del libro leemos estas cuatro perspectivas en primera persona, y esporádicamente una quinta voz se hace presente para complementar todos los hechos que los personajes no pueden narrar. Aunque su función es de verdadera utilidad, en momentos sí considero que el Narrador no hace más que reiterar pensamientos, eventos y actitudes de Esteban, de quien normalmente le sigue para su lectura.

Una de las características fuertes de esta novela es la perfecta caracterización con la que se desenvuelven sus personajes. Cada uno tiene su peculiaridad inconfundible que le da distinción uno de otro, inclusive entre los dos personajes femeninos; un pasado explicado vaga o detalladamente para ciertos personajes y que culmina con una excelente y sobretodo realista evolución en su manera de pensar y de actuar hasta el final.

Cada personaje tiene su toque. Aunque, en lo personal, me gustó mucho leer a Elisa, es cierto que su participación no llega a representar tanta importancia dentro de la trama, pero de igual forma me parece interesante el retrato de su carrera como modelo tambaleando por el paso de los años y la constante demanda de una figura fresca y juvenil en los medios. Reinaldo es de las partes fuertes de toda la novela, y gracias a su participación la historia empieza y acaba tal y como se nos es presentada.

Aunque mencioné que la narración en tercera persona llegaba a hacer de su lectura un poco tediosa por lo reiterativo que es tanto el narrador como Esteban (los demás personajes no están exentos de esto pero es en ellos dos donde se es más evidente), otro punto que no fue de mi agrado es el fin que se le dio a Reinaldo. No quisiera brindar detalles clasificados como spoilers pero, pfff, imaginé otra cosa. Saben qué, sí, voy a poner un spoiler:

Como las voces de los personajes son leídos en primer persona, estas pueden ser tomadas como confesiones. A partir de cierto punto en la novela uno se hace a la idea de que Reinaldo acabó rindiendo cuentas, y de hecho lo es, pero lo que yo imaginé es que lo habían enterrado vivo o algo así. Ya con eso creo que dije mucho pero igual no deja de ser enigmático.

Todos tienen una ambición. Trazan una línea que los conduzca hacia esa meta. Algunos lo logran, otros modifican su objetivo, otros se pierden en el camino. Creo que eso engloba perfecto a este libro, tan real que queda marcado y hace que no queramos acabarlo, porque aunque se nos da pequeñas señales del futuro de sus personajes, todo concluye en un determinado momento que deja a uno con dudas. Pero no de esas que hacen parecer inacabada la novela o que no se le dio especial atención a unir cabos sueltos, sino para terminar por entender algo tan complejo como el psique humano.

Hoy hace un año estaba acabando El Niño Que Fuimos, libro el cual yo quise que fuera el primero en leer. Toda esta planeación me pareció agradable por lo ordenado y prometedor que resulta. Por esa misma razón me incomodó un poco saber que no concluí un libro justo cuando planeé tantas cosas desde un inicio. Al acabarlo no solo tuve la satisfacción (y un dejo de vacío) que brinda un libro una vez leído por completo, sino también un buen augurio. Y es que empezar el año acabando cosas inconclusas representa mucho. Nos dice que no importa el tiempo mientras se tenga la disposición de seguir con ello hasta el final. Y esto no solo aplica para libros.

⭐⭐⭐⭐⭐

Frases favoritas:

"Comprendí también que en el destino no hay error ni culpa, ni odio; solo lo inevitable, solo aquello de lo que no podemos escapar por más que lo intentemos."

"Una memoria desmemoriada no tiene razón de ser."
jueves, 2 de enero de 2020

Estaba pensando...

¿Siempre sí se empezó una nueva década o no? Por un lado, la RAE indica que cada inicio comienza con el 1, que porque el año 0 no existe. Por otro lado, y sin tener explicación alguna que sustente esta idea, me mantuve firme a que la década empezará en el 2021 pese a que todos anduvieron con sus comparativas y sus recaps y todo ese desmadre. ¿Qué originó esta conclusión en mí? La música.

Siento que todo se estropeó en el 2011 y lo primero que se me viene a la mente es el insoportable Party Rock Anthem que solo toleré por Madonna y su mix con Music. En 2009 la música todavía me parecía tolerable y muchísimo más diversa, así que el 2010 fue época de cambio, como las extrañas modas a inicios del 2000 donde todo estaba hecho de mezclilla. O sea, se está en un punto intermedio de lo que fue y lo prometedor que puede ser el futuro.

Creo que por eso asumo que una década empieza con el 1. Luego de ahí me acordé del video Waiting For Tonight de Jennifer López, donde todos ven el conteo de los segundos que están a nada de marcar las doce en punto para dar inicio al 2000 (inclusive los días empiezan desde las "cero horas"). ¿Así se debe empezar la década, no? Porque, al menos yo, no le hallo sentido decir que el milenio comenzó en el 2001. Para entonces ya estaríamos más que instalados en determinada década. Así como cuando uno cumple un año una vez que este se acaba.

No sé no sé no sé, no sé. Ya debería estar dormido.
miércoles, 1 de enero de 2020

📖 2019 en libros

Sinceramente esperaba hablar de ellos en posts individuales pero me está costando algo de trabajo. No es que haya olvidado su contenido pero no podré expresar mi experiencia como corresponde si lo comparo con los posts donde hablo sobre Palahniuk. Llevo dos años y medio que retomé este hábito y puedo decir con toda certeza que este ha sido mi mejor año en cuanto a libros. Aunque fue inconsciente, sí fui planeando de manera anticipada leer los que más ganas tuviera de, dejando "para después" otros que, sí, sigo sin leer.

Como regalo adelantado por parte de mi tía recibí El Psicoanalista, y por la longitud de éste consideré empezar el año leyéndolo, pero lo devoré antes que llegara navidad. A mi prima le encomendé la tarea de vender la "trilogía" de Nunca, Nunca pero no logré deshacerme de estos, así que fui a uno de esos locales de compra y venta de libros usados y me ofrecieron $150 por los tres. Eso no es nada. Al final los cambié por otro que en sí no le vi algo especial pero que de todos modos quería llevarme, y ese es:

El Niño que Fuimos de Alma Delia Murillo

Con este compruebo que, como mexicano, siempre preferiré leer escritores que compartan mi nacionalidad ya que, aunque se sitúen en años que no viví o describan calles y elementos que son desconocidos para mí, de algún modo me identifico con ello y lo siento tan mío. Quisiera decir que "hablamos un mismo idioma" en el sentido de que uno entenderá la referencia que el otro le lance pese a que no comparten ni la misma edad ni grado de conocimiento pero aun así no creo que se entienda lo que difícilmente trato de explicar. Nada comparado a libros extranjeros cuyas traducciones tienden a ser la misma que la edición española o son de plano tan literales en cada una de sus palabras, sobretodo en modismos.

La historia sigue la vida de tres niños que, tras entrar a un internado al mismo tiempo, se hacen amigos para sobrellevar con facilidad el destino que les depara dentro. Simultáneamente se narra su presente y pasado a través de cada capítulo. Entendemos la pesadez de sus temores reflejados en sus actos y cómo tratan de sobrellevarlo. En sí, es un libro bien corto. Lo acabé en tres días y con este superé mi récord.

Recuerdo que, como iba acompañado de mi familia, en momentos me disponía a hojearlo y poco a poco me entraban más y más ganas de leerlo ya pese a que iba como a la mitad de El Psicoanalista. Creo que desde el día uno lo comencé, sino, fue el siguiente, pero en enero leí como tres. Quisiera decir que acabé el año de la misma manera pero me está costando bastante acabar uno que sí me gusta pero es muy largo y ya no tengo las misma ganas que hace doce meses.


Lugares Oscuros de Gillian Flynn
Esto es lo más loco que he leído en mucho tiempo.

Viviendo de donativos que van en descenso, Libby acepta reunirse con un grupo secreto especializado en casos famosos para replantear el asesinato de su familia a manos de su hermano mayor a cambio de efectivo que sustente su vida encerrada en casa por más tiempo, sin imaginar que ella, en realidad, no tiene idea absoluta de lo que ocurrió aquella noche.

El libro tiene capítulos donde el protagonista es Libby en la actualidad (narrado en primera persona) y simultáneamente Ben o su mamá (a voz de un narrador, un día antes de los asesinatos, veinticinco años atrás). Desde un comienzo se mantiene un ritmo constante que no baja en ningún momento, haciendo que la trama te atrape desde los primeros capítulos y te intereses por saber más. Es cierto que tiene una buena cantidad de "plot-twists" pero, a mi parecer, no son giros enormes. Y eso es bueno ya que no sientes que se hayan colocado forzosamente para hacer la historia más interesante. Al contrario, te genera aún más intriga, y llega otra sorpresa justo cuando pensabas que las cosas no podían ponerse peor.

La forma en como fue narrado es buenísima. No te endulza nada y sientes la inseguridad e impotencia de la protagonista al enfrentarse a lo desconocido desde que era una niña. La historia es más extensa de lo que podría parecer. Y para antes del clímax sientes cómo la tensión cae sobre ti al estar consciente que todo está a nada de desmoronarse a causa del estrés colectivo. No le tenía mucha fe a este libro, y ahora voy tras las otras dos novelas de esta autora.

Ensayo Sobre la Ceguera de José Saramago

Finalmente leí la que es su novela más popular de todas. Un extraño brote de ceguera blanca se expande de manera repentina y, como solución rápida, se pone en cuarentena a los primeros infectados, donde tendrán que valerse por sus instintos y sentidos restantes para sobrevivir.

Cuando supe de la vida y obra del autor, quedé maravillado por semejantes tramas que maneja en sus novelas. Y es que hablar sobre qué pasaría si la gente deja de morir o seguirle la huella a Caín me parecen ideas tan simples pero bastante llamativas como para no interesarse en leerlos. Lamentablemente en algunos casos la idea es bastante buena pero no su ejecución.

Su forma de escribir es muy particular. Quiero creer que esa es su firma y nadie más ha escrito de igual manera antes que él. A mi criterio es sumamente fácil distinguir el dialogo de la narrativa pero, en cuanto a este último, es donde tengo un conflicto. A veces pareciera que divaga de más y se agarra de una palabra en específico para describirla de todas las maneras posibles mientras que yo, como espectador, me quedo con cara de la idea se entendía perfecto desde un comienzo. Ya me veo a mí cantando el coro de Pero Qué Necesidad.

Afortunadamente esto no se repite con frecuencia en páginas posteriores, y si así pasa entonces ni lo sentí tan molesto ni forzado. Para entonces muy seguramente ya estaba sumergido en su trama, ardiendo de coraje por lo bajo que las personas pueden caer para sobrevivir, o sintiendo miedo por lo frágiles y tan dependientes que somos del sentido de la vista. De Saramago ya me había leído Caín y Las Intermitencias de la Muerte, pero puedo decir con certeza que Ensayo Sobre La Ceguera es la primer novela de Saramago que más me ha gustado porque Caín lo sentí como un resumen de la Biblia que novela en sí.

Una vez que me lo acabé quedé satisfecho, y tuve muchas ganas de leer algún mexicano pero no tenía ningún libro pendiente con esta característica y tampoco quise comprar más hasta acabar los que tengo en mi librero. Así que la decisión estaba entre Mr. Vertigo y Delirio. Me estropearon el libro de Auster diciéndome que no era más que una copia de El Alquimista y sí pienso leerlo todavía pero no sé hasta cuando, así que me fui por:

Delirio de Laura Restrepo

Esto sonará bien inculto de mi parte pero no me gusta leer novelas basadas en la era nazi. Me leí El Diario de Ana Frank, okay. Años después compré Ladrona de Libros y para cuando llegué a casa noté una esvástica al fondo de la portada y sentí una desilusión tremenda. Igual lo leí, pero en todo momento pensé en Ana Frank. Y es que siento que en determinado momento todo se vuelve irreal, y le echan mucha salsa a una sopa que ya de por sí es difícil de digerir.

Lo mismo me ocurre con novelas basadas en narcos. Me han recomendado muchas series disponibles en Netflix pero las paso de largo. Si he de conocer más sobre nazis o narcos, lo haré viendo documentales y todo eso, no leyendo novelas inspiradas. Así que, cuando supe que Delirio se lleva a cabo en Colombia de la década de 1980, no pude evitar sentir lo mismo que con Ladrona de Libros. También, he de mencionar que a Saramago lo leo por temporadas porque sí, habré quedado satisfecho pero me termina hartando, y oh sorpresa, la autora de Delirio escribe igual que él.

Tras un fin de semana lejos de casa, Aguilar regresa con la noticia de que su esposa ha enloquecido. En su intento por saber lo que ocurrió en su ausencia y qué fue lo que hizo que perdiera la razón, Aguilar se da cuenta que del pasado de su esposa no conoce demasiado.

Al principio es difícil entender lo que ocurre. El diálogo se mezcla con la narrativa en primer persona que también se mezcla en tercer persona. En espacios en blanco se nos reubica a un espacio y tiempo distinto que poco a poco nos van encaminando al desenlace, comandado por una narrativa y personaje diferente. Juro que estuve a nada de buscar en GoodReads alguien que me indicara la forma de leerlo porque todo me parecía muy confuso. Sin embargo, entendiendo su estructura y el rol de los personajes, Delirio se vuelve muy adictivo. Tanto que sacrifiqué horas de sueño solo para leer un "capítulo" más.

Con respecto a los narcos, sí llegan a ser huéspedes de la trama por varias páginas y encaminan la historia para cierto rumbo, pero el libro en sí no trata enteramente sobre este mundo. Teniendo ese desinterés, cada que se hablaba de gente poderosa y negocios turbios, me daba una flojera tremenda, cosa que cambió posteriormente y que cada que se presentaba el turno del Midas (personaje ligado a todo esto) para narrar su parte de historia, me entraban unas ganas enormes por leerle. Hasta los cameos de Escobar resultan ser tan llevaderos.

El año lo empecé a todo dar leyendo. Me hubiera gustado decir lo mismo al final porque, aunque en los últimos días parece que recobré el gusto y el ritmo habitual, pasé meses sin leer ni encontrarme ánimo para ello, y ya estoy por cumplir tres meses sin poder acabar uno el cuál espero poder presentar en un post individual. O sea, empiezo el 2020 leyendo algo inacabado. Más vale eso a nada, ¿no? En fin, leí más pero algunos fueron regulares y otros ya tienen su respectiva entrada en el blog.

Esta entrada ya es kilométrica, aquí mejor concluyo con esto. Que sobren libros pero que no falten ganas de leerlos. ✌