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domingo, 29 de diciembre de 2019

Dolce Vita

Saben qué, no. No voy a escribir pestes hacia Sony por ser tan embustero y estafador. Ya está de sobra; te saliste con la tuya esta vez. Y lo peor es que te aprovechas porque sabes que igual compraré alguna otra consola de PlayStation pero no se vale lo que me has hecho. De verdad que la esperanza muere al último. Uno cree que se aprenden de los errores (PSP) y nada que ni eso se puede (Vita), pero como dije al principio, la cosa no debe ir por ahí. La Vita, con todo lo que tuvo y lo que no, merece ser recordado como la consola que es: no tan potente como un PS3 pero que quedaba en un punto medio que, para ser portátil, no estaba nada mal y cuyo villano de telenovela no fue ni las ventas ni el apoyo de grandes desarrolladoras de videojuegos. Ño.

En diciembre de este año me senté a platicar con un buen amigo acerca de las características del Switch. Por mera curiosidad le pregunte que si tenía apps como YouTube o Netflix a lo que respondió que ni navegador de internet tenía, que porque no recibía apoyo de esa manera. Yo le dije que, aunque sorprendido estaba, era algo bueno porque la Vita tuvo apps como Facebook y Maps desde el principio y que poco a poco fueron desapareciendo de la tienda, quedando obsoletas en el sistema.

Volviendo al 2012, recuerdo que de las primeras cosas que intenté una vez teniendo la consola fue ver videos en YouTube pero HAHA no se podía visualizar ni uno solo. So, when dijeron que estaban desarrollando una app y que, a su vez, se podrían reproducir desde el navegador, la noticia salió en demasiados sitios de internet. Y cómo no.


La idea era que el post fuese lineal, pero ni eso puedo. De lo primero que hice con la consola fue checar el navegador y qué mejor que husmear mi tumblr. Siempre fue colorido pero sé de antemano que cualquier dispositivo no le hará justicia a lo colorido que se vislumbraba desde la pantalla OLED del sistema.


Pensándolo bien, jamás he ido a un concierto en un fin de semana. Mi amiga Sofi dijo que debí invitarla cuando supo que había ido acompañado de mi soledad. Y es que ni celular llevaba para documentar mi presencia ahí con la idea de que los momentos están para disfrutarse. En fin. Aún recuerdo que empezaron con Voy a Pasármelo Bien, lo cual me pareció muy acertado, y todos se levantaron de sus asientos para corear y bailar. Le siguieron con El Ataque de las Chicas Cocodrilo y ya de ahí el recuerdo es confuso. Al día siguiente llegué al trabajo afónico, y tarde.


Este juego funcionaba tan bien por dos razones: es de estrategia y la consola tiene una pantalla táctil. Ya no está disponible en la tienda pero afortunadamente aún puedo jugarlo. <3


Mi primer platino. 😭 Por si acaso alguien no lo sabe, el PSP no tuvo trofeos.
Por otro lado, me mamaba tener esas apps en la primer página. Lo multimedia, YouTube, Facebook, el navegador y los juegos que más me entretenían. Era un buen balance.



Esto es de la navidad del 2013. 😱
Podría jurar que del año pasado a ese.



Quienes me conocen desde mis años de prepa recordarán que llevaba el PSP a todos lados. Ya con eso sabrán que lo mismo ocurrió con el Vita, pero fue distinto y con razones de sobra. Es triste recordar el potencial de la consola y atestiguar su caída en picada. Aun así, el giro social, los juegos, la retrocompartibilidad y flexibilidad de tener varias funciones a la vez hicieron que usara la consola hasta el cansancio. ❤
miércoles, 25 de diciembre de 2019

No me van las recomendaciones pero ten, te doy unas

Me cagan las recomendaciones de manera en como no sé iniciar apropiadamente un post. Ése es un buen inicio para esto. No es apropiado generalizar pero, para mantener firme esta postura, deben ser muchas. Todo empezó cuando un imbécil me recomendó Nunca, Nunca y yo de imbécil opté por comprar las tres partes porque las encontré juntas. El error aquí fue:
  1. Comprar la historia completa sin antes haber leído la primer entrega.
  2. Seguir la recomendación de alguien cuyos gustos no van conmigo.
Es horrible el sentimiento de tener un mal presagio acerca del libro a escasas dos páginas leídas. Vendí los tres pero ni la mitad de lo invertido recuperé. Desde entonces tengo un conflicto con las recomendaciones. Tampoco me dispongo a leer opiniones de cualquier índole porque terminan por influenciar mi experiencia y opinión final. Más satisfecho he quedado con esos que ganas me sobraban por leer. No es que tenga buen ojo porque buenos libros he encontrado sin siquiera buscarlos, pero puedo decir que si no son buenos al menos lo han sido para mí, y que soy afortunado de poder encontrar historias entrañables a través de la intuición.

Algo que inspiró todo este balbuceo fue que, cuando me preguntan cuáles han sido mis películas favoritas, siempre me quedo en ceros. Lo mismo con la series, a lo que fácilmente puedo atinar a pensar es glee pero no es que me guste, tampoco. Pienso en muy pocas pese a que sí he visto muchas. Ya sin más preámbulo trataré de recapitular lo que más me ha gustado a lo largo de esta década.

Anime:
  • The Promised Neverland
  • The Disastrous Life of Saiki K.
  • Devilman Crybaby
  • Kakegurui
Películas:
  • Hereditary
  • Parasite
  • A Quiet Place
  • Get Out
  • It Follows
  • Birdbox
  • The Witch
  • Zombieland 2
  • It
  • Climax
Series:
  • The OA
  • The End of the F***ing World
  • Atypical
  • The Rain
  • Black Summer
  • Girl From Nowhere
  • Marianne
  • El Vato
  • Russian Doll
  • Black Mirror
  • American Horror Story
  • Scream Queens
domingo, 22 de diciembre de 2019

Parasite

De entre el contenido basto que suben al canal de IGN en YouTube, me apareció el trailer de una película llamada Parasite. Por la escena de la fumigación pensé "ah, ¿con que esto tendrá toques conspiranoicos, acaso?", y durante todo el trailer me quedé esperando una escena con un alien o qué se yo, pero nunca salió nada de eso. Sin embargo, algo rayaba mi curiosidad y podría tratarse de la singularidad del título o sus tintes de suspenso y a la vez de comedia que me forzaron a no dejar pasar más el tiempo y verla antes que acabara el año.

Cabe destacar que, al igual que como he hablado de libros y discos, mis opiniones alojadas aquí no son más que eso, opiniones de un espectador. No son críticas per se. Tampoco me animo a recomendar porque no me llevo bien con las recomendaciones, pero cualquiera que llegue a ver esto puede tomarse la consideración de verla si así lo desea tomando en cuenta que me dispuse a platicar sobre ella aquí.

Parasite es el retrato de dos clases sociales opuestas, donde la incredulidad y el deseo constante de subsistir chocan entre sí, desatando poco a poco cabos invisibles en la vida que les rodea. Habrá quien diga que tarda en enganchar al espectador, pero en cuanto a mí, ganchado quedé desde los primeros minutos por la curiosidad que genera el ser testigo del modus operandi de la familia. Poco a poco va escalando y, como es costumbre en tramas de este estilo, uno espera el momento en que la red de mentiras colapse. Y justo cuando sabes que eso está a punto de pasar, se le da un plot-twist a la trama que hace que todo gire distinto y te haga preguntar: ¿hasta qué punto se es capaz de sostener una mentira?

Lo más peculiar de todo es que, pese a ser testigo ocular de las penurias y pobrezas de los protagonistas, uno puede reírse de cómo poco a poco van moldeando una mentira colectiva que parece nunca acabar, para después quedarse en las nubes una vez que los créditos aparecen. ¿Lo habrá logrado? Hay dos cosas que quedaron conmigo una vez la película había llegado a su fin:
  • Uno de los puntos que más me llegó fue sobre el olor, donde se remarca en puntos álgidos de la trama la diferencia entre los parásitos y los huéspedes, así como la insignificancia de las apariencias y mentiras; al final, pareciera, no se puede ocultar el origen del ser de uno.
  • Los planes, y la visión que se tiene sobre ellos. El único plan que puede funcionar es no tener uno. Este es un distintivo opuesto entre el padre e hijo que prevalece hasta el final.
Algo que me fascina de estas películas, como Hereditary aunque no viene tanto al caso esta comparativa, es que te sumerge en terreno que, en épocas de super-héroes y remakes, parece que nadie se dispone a explorar o al menos no con esta crudeza. Lo mismo con Train to Busan, donde nadie se las da de héroe como cualquier película americana, ño. Así fuera una horda de zombies o una horda de mentiras, te ponen en medio de situaciones que pueden pasarte a ti. Es tan fácil empatizar; imaginar lo que harías en determinada situación. Son extremos que quizás no conocemos pero que nos pueden ocurrir y que cuando te planteas la gravedad del problema es porque reconoces que ya es algo tarde para volver atrás.


viernes, 20 de diciembre de 2019

Anécdotas de mesero

Érase una vez, no. El día que me reuní con Sofía y otros amigos de la preparatoria —solo quería empezar el post de una manera distinta—, uno de ellos tuvo conflicto directo con el mesero por añadirle no sé si el 10% o más o menos a la cuenta. Como no sé nada de sus vidas, no tenía idea qué tanto podrían ser más de $1,500 para ellos. Sí, no es algo que yo tenga ahorita a las manos, pero ya he visto cuentas así antes considerando lo que se consumió esa noche. El pobre mesero no tuvo de otra más que pedir refuerzos pero al final la cuenta fue pagada sin el cargo adicional.

"Es que no se puede añadir la propina; eso va a consideración del cliente", dijo. Y tiene razón. Yo no pude hacer nada más que escuchar, y recordar mis días de meserete. Me dividía internamente en entender la postura del mesero y algo que parecía todos comprenden pese a su condición alcoholica de estar. Recuerdo que hasta el mesero llegó a defenderse usando de arma el punto. ¿Y qué es el punto?



Lo primero que pensé fue: el punto qué. No lo podemos usar de excusa. Me recordó a cuando estuve en capacitación de un call center donde nos pintaban todo muy lindo pero cuando llegamos a la "sala de operaciones" quedé bien decepcionado por todo lo que vi y escuché. Un día, nos pusieron a hacer sombra y cerca de mí estaba uno que, literalmente, rogaba a los clientes de determinado banco para que aceptaran no sé cuál seguro. "Por favor, piense en su familia, piense en sus hijos, ¿qué será de ellos si usted, que Dios no lo quiera pero puede pasar —empatía ante todo, ajá—, llegue a faltar y no tenga un seguro que cubra los gastos?". Pues, sí, tiene razón pero, ¿así es como debo de ejercer mi labor de venta? Lo otro que recuerdo fue a la capitana o líder o no sé qué diciéndonos "usen una voz sensual; sean coquetos; chavas, ustedes seduzcan, y ustedes chavos, saquen su voz varonil para cuando una mujer se ponga en línea". Uy, si los años acumulados de soltería tuvieran valor curricular.

'uta, ya ni me acuerdo a qué venía todo eso. Ni pedo, prosigamos. Afortunadamente nunca tuve que poner de mi dinero para pagar el punto pero conocí gente que sí, y no es porque no supieran "vender", sino que la gente a veces es así: consume mucho y no deja propina o deja bien poco. Y ño, no es que espere a que llenen el bolsillo del mesero pero hay que considerar muchos aspectos. La atención es elemental, porque hay unos que te tratan como rey cuando entras y cuando sales pero en el intermedio les vales madre. Eso lo notan. Tu agilidad, atención, y responsabilidad otorgan, tanto así que llegué a recibir propinas de mesas que ni eran mías, y todo gracias a que "atiendes mejor que el mesero que nos tocó". Aún así, no progresé en la materia porque no quise. Soy bien nervioso para trabajos así.

Aprendí bastante como runner pero la diferencia la noté cuando, meses después, anduve de mesero. El turno era bien matado. Doce horas seguidas y sin oportunidad de poder comer a gusto por diez minutos o menos. A veces ni comía hasta que salía del lugar. Durante ese tiempo traté de reconfortar el cansancio mental (porque el físico se puede manejar en estos casos) diciéndome que todo esfuerzo vale la pena, aludiendo a las propinas al final del día y que vienen representando a veces hasta más que el sueldo semanal.

Sigo sin recordar por qué mencioné ese call center y qué relación tiene con el punto, pero no lo pienso borrar a menos que la nación me lo demande. Lo que sí recuerdo es que el monto aproximado de propinas era de $20 —common— a $50 —a blessing— y de ahí normalmente me iba con arriba de $500. Me sigue cagando que en entrevistas laborales saquen el asunto de las propinas para rematar con un "no te puedo igualar el sueldo" y yo me quedo con cara de "sonaré ignorante pero no estoy en esos planes o sea ya investigué previamente todo esto". Hacen que madrugar pierda todo el sentido del mundo y luego para haber ido allí a escuchar sandeces.

Haré un mix de anécdotas y chance y así recuerdo lo del call center a colación:
  • Los meseros tenían que preparar las bebidas. Así fue como le agarré el gusto a las limonadas minerales. El problema recurrente era endulzar el agua de jamaica... ¿cómo endulzar algo que ni sabor tiene?
  • El trece de febrero es el día de San Valentín de los amantes.
  • Los cortes son individuales y las parrilladas son para dos.

Creo recordar el por qué mencioné ese call center, pero amerita otra historia. A veces, sobretodo como primerizo, cometía el error de enviar un pedido que ni era. Una ocasión leí mal y envié una torta de arrachera en lugar de tacos de arrachera. Otra ocasión tuve un problema con una tostada. Siempre repito las ordenes para saber si no me faltó algo y sigo hasta el día de hoy con que yo estaba bien y el cliente no porque claramente escuché "jicamarón". ¿JIcamarón? Jicamarón. Y serví la tostada y el cliente me dice "mmm nO, yo pedí una tostada DEcamarón". Me mataba tener esos errores, y ahora que lo pienso no era un gran problema en sí. Podía pagarlos de todos modos pero supongo que era la vergüenza que sentía por haberme equivocado, pero igual, ¡no era el fin del mundo!

A veces pasa así. Como esos pinches días de partido o box donde hay gente hasta por debajo de las mesas y justamente esos días son los peores porque hay el doble de friega laboral que no equivalen proporcionalmente en más propina, o sea, era una friega de a gratis. A veces te puedes equivocar y te vas a casa con comida que ni querías. A veces tienes que poner de tu sueldo para pagar el despiadado punto o esos $85 pesos que se te fueron al dar feria de más en una noche de clásico regiomontano. Así pasa, son gajes de oficio. La propina es algo que no debe exigirse, mucho menos mendigarse. Escudarse con que sin el cargo extra se generarán pérdidas para el mesero es como mendigar la aprobación de un seguro que ni tú quieres. ¡¿Quién chingados querrá un seguro contra abducciones ufológicas?!

Como dato adicional:
No se debe exigir la propina. Al menos en México es motivo de sanción. Sin embargo, es menester mencionar que, si el servicio brindado fue satisfactorio, algo que nutre igual que los elogios son las propis. Yo por ti. ;D
martes, 17 de diciembre de 2019

Lo bueno dura poco

Viendo en retrospectiva, me la he pasado recordando cosas de años de distancia a lo largo de mi blog. Tengo un post en borrador planeado a salir a finales del mes, donde digo que Diciembre para mí ya es más un recuento de daños que mes en sí. Y qué flojera hablar del pasado en el presente, sobretodo si se rememora con tal intensidad. Prometo cambiar eso. Esperen novedades.

Entonces, ¿por qué hablar del pretérito perfecto? Una mejor pregunta sería: ¿por qué no? A veces quisiera volver a mis años de infante pero con la mentalidad guarra de hoy para dejar bailando como pirinolas a aquellos que agotaron sus ganas de bullear en mí. A la secundaria para deshacerme de la timidez tan rápido como la pubertad me privó de mi cuerpo lampiño. A la preparatoria para aprovechar cada uno de los momentos que viví ahí en compañía y en solitario, haberme sentado frente a mi padre y decirle "cuénteme de usted", haber aceptado ir al gym, entre un gran etcétera —sí, también para echarle más ganitas—.

Haber perseverado en algún deporte. Como cuando un tío vio las coreografías de BTS y pronunció "ah, la energía de la juventud". Tiene 50 y no es que esté en silla de ruedas. De hecho, tiene bastante energía para su edad, pero ya no es la misma. Y se entiende cuando se me resbala algo de las manos y al agacharme me mareo y siento que ya es hora de prepararme un café y aventarle maíz a las palomas en algún parque cercano.

Quiero hablar también de la primera vez. Supongo que es colectivo y bajo los influjos de la experiencia decimos que no fue la mejor de todas pero, ¿se animarían a repetirlo? Y es que ahí quedó recolectado todo el factor sorpresa. Se haya ejecutado como se haya ejecutado, se recuerda por lo que fue y aunque puedas tener el mejor sexo de tu vida con alguien más en algún otro espacio y tiempo, la primera vez siempre será recordada por lo que es. O mejor dicho, por lo que fue.

Recuerdo el nerviosismo que tuve desde el momento que llegué a su casa. Tenía que gritar su nombre dizque para que me abriera la puerta y que los vecinos no sospecharan nada —claramente había recibido instrucciones tres minutos antes en la esquina de su cuadra—. Todo fue tan lineal, como una película adulterada. Besos aquí, toqueteos acá, presto, prestas; vaya, escaso de pasión. Ni me acuerdo siquiera de su nombre pese a todo, pero estaba guapísimo. Era idéntico al amigo hetero de un amigo hetero so, era una muy buena oportunidad para una primera vez.

De ahí uno ya lo hace porque quiere y, sobretodo, porque puede. Se pierde esa sensación especial al ver cómo uno se desnuda para el otro. Caduca rápido pero se atesora de todas formas. Así como la figura esbelta y la capacidad de comerse tres hamburguesas en una sentada sin temor a que los kilos de más se le noten con el paso del tiempo, especialmente porque uno sabe que eso no le pasará ya que le tiene fe ciega a su metabolismo.

Pero no todo es recordar. Aunque exprese abiertamente que sí me animo a volver al pasado, realmente no lo haría. El camino ha sido largo, y con todos sus pro y contras, lo he disfrutado y no cambiaría el resultado de todos los caminos tomados, invitaciones rechazadas, descuidos y demás.
lunes, 16 de diciembre de 2019

Ya fue

Siempre he dicho que uno no debe arrepentirse de nada porque en su momento así fue como quisimos que las cosas marchasen; se haya hecho bien o mal, o de plano nada. Lo creo de esa forma y le soy fiel. Sin embargo, una vez que medito cosas dignas de arrepentimiento, sopeso una y luego esa conecta con otra y luego con otra hasta que es necesario parar porque a ese paso llegaré hasta el principio de mis días. Y es bien pinche difícil no sentir arrepentimiento.

Días atrás estuve platicando con un amigo y le confesé que volver a Blogger hizo que denotaran recuerdos empolvados a través de sueños. Ni siquiera puedo recordar qué fue pero sé que soñé con mi vida a como era antes y eso, en momentos, me hizo cuestionar mi presente. Le dije a mi prima "siento que sigo soñando; esta no es mi realidad porque la desconozco demasiado". En parte, creo que es un rechazo descortés a lo que es mi vida hoy.

Ya pasaron tres semanas desde que Sofía volvió a la ciudad y que nos reunimos junto con otros tantos (ya hablé al respecto). Aunque iba enojado gracias a E, no pude disfrutar mucho de la noche tanto como hubiese querido. Además, parece ser que atrás quedaron los días en los que podíamos pasar horas haciendo nada más que platicar.

Las últimas veces que nos vimos fue en una plaza comercial cercana a nuestras casas. Siempre quedábamos con vernos "en la fuente de los perros". Normalmente ella llegaba tarde pero hubo una en la que de plano no llegó. Me desesperó un poco estar ahí inerte por lo que fui a la otra fuente y oh sorpresa ahí estaba ella maquillándose. Sofía, ¿se puede saber qué haces en esta fuente? Ella, ingenuamente, voltea y se empieza a reír. ¿Cómo que ésta no es la estatua?, dijo (y la estatua es abstracta).

Había una promesa que se repetía mucho: nos vamos a ver más seguido. Y no ocurría, pero no había problema. Los días y las oportunidad no son infinitas pero así se sienten siempre. Siempre, infinito. Recuerdo que, cuando me comentó su plan de ir a Dublín con otras tres amigas suyas, yo pensé que con más razón debíamos frecuentarnos lo más que se pudiera, pero no lo hicimos. Uno lo ve lejano pero el tiempo en sí es nada. Y llegó el día. Y de eso ya han pasado más de dos años.

La fuente de los perros. Ese fue el detonante. Y aunque ocurrió antier, no recuerdo si lo había pensado días antes pero, estando en el sueño donde ambos platicábamos y reíamos juntos, recordar lo fácil que era planear una salida juntos me afligió mucho.

Ella fue alguien que me hizo segunda en muchas cosas, y yo con ella también, y ahora la tenía bien lejos. Es cierto, todavía hay días, por ende, todavía hay oportunidades. Con esto comprobé que se extraña más de lo que uno puede imaginar si nos ponemos a recordar porque, para cuando tomó un vuelo que la llevaría de regreso a su vida actual, no la extrañé tanto a como ahora lo hago. Más que nada porque yo ya estaba consciente de eso, y porque esa es la realidad de uno hoy en día.

Sé que sí, oportunidades aún hay, y existen videollamadas, y podemos mensajearnos o mandarnos audios y fotos y todo eso. Pero, aunque no deba, me gusta divagar en pensamientos tales como: si nos hubiéramos visto más, ¿qué tanto pudimos haber hecho? Es cierto, pudimos haber hecho más de lo mismo, o pistear, o ir al cine; qué se yo. Pero por más que quisiera extender el tiempo, tarde que temprano ella viajaría. Lo vivido ya fue, y quedó allá. Y lo rememoro como mi abuelo cada que hablaba sobre el pueblo en armas y otras que ya no recuerdo. De las cosas que hicimos y de las que no, quedamos nosotros.

Otra vez hice un post bien largo. Qué ganas me dan por decirle que escribí sobre ella pero creo que es más relajo que nada. Pinche tiempo. No me doy cuenta de cómo pasa. Cada vez parece ser más difícil apreciarlo en su justa magnitud.

"El tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos." — Henry F. Amiel
miércoles, 11 de diciembre de 2019

Se forma una bandera en el template

Esto es un post muy visual.

Soy perfeccionista, o quizás es vanidad, pero me gusta cuidar cada detalle. Como una canción vallenata dice: y releí y releí. Leo una y otra vez lo que escribo y normalmente cambio de lugar alguna coma, o me encuentro diciendo para mis adentros un "mmm no, no me convence"; o divago mucho, o uso como tres o más palabras que pueden ser reemplazadas por una y el mensaje o se entiende igual o hasta mejor.

El uso excesivo de una sola palabra también es un problema recurrente, por ejemplo, el párrafo anterior tiene bastantes "o". Un claro ejemplo de un polisíndeton. Pero eso aplica para nexos. En Twitter me encontré con la primera página del libro que recibió el premio Alfaguara del presente año donde se evidencia el uso excesivo del "haber" y otros verbos en pasado. Al verlo me pregunté si yo hubiese notado todo eso a la hora de leerlo. Quiero creer que sí, pero desde entonces leo lo que escribo para encontrar algún uso excesivo de cualquier palabra. Lo peor es que sí las encuentro. ¿Será porque escribo de una manera que parece más plática casual que otra cosa?


Aquí va el detalle de la bandera. Inconscientemente ya me hago a la idea de que se forma una bandera por los colores que conforman el tema de mi blog. Sé que esto es una tremenda babosada pero desde entonces no me puedo quitar esa idea de la cabeza. Quisiera decir que sí, que esa casualidad fue intencional pero no es así más que nada porque está al revés. Y tengo dos fuentes que me lo confirman en caso de efecto Mandela o memoria desmemoriada:
  1. En el primer grado de primaria nos pidieron hacer la bandera de México con foami. Me alejé de mi asiento para tirar la merma en el bote de basura y de regreso escuché a la maestra decir "¿quién hizo esta bandera al revés?" y pensé ahahaha pobre idiota. El pobre idiota resulté ser yo.
  2. La canción de Kinky: "¿de qué color es nuestro presidente? verde, blanco o rojo es el presente".

La verdad es que no. Ya voy para diez años de usar Tumblr y cinco con un tema fijo. Probé de todo tipo hasta encontrar uno que quisiera adoptar para toda la vida. Me gustaría decir que se adapta a mis gustos, y lo hace, pero no me agrada tanto los fondos blancos. Para cuando volví a Blogger quise un tema que le pareciera pero no lo encontré y no sé nada de HTML más que lo básico. Así fue como metiendo mano armé lo que es ahora y, tanto este template como el de Tumblr, se lo debo a la imagen de fondo, o pattern, misma que saqué de un video al que le tomé captura:


martes, 10 de diciembre de 2019

Algo sobre las promesas

Hace un par de semanas estuve tomando en casa de un amigo. Subimos a la terraza, en el tercer piso, y nos quedamos ahí gran parte de la noche. Platicamos de mucho que hoy día ya no recuerdo, pero que quedó grabado como uno de los mejores momentos que he pasado con él. Entre recordar lo que fue de nosotros y lo que es ahora, lanzamos una pregunta al aire: "¿Qué será de nosotros mañana?".

Aunque son esa clase de preguntas sin respuesta, por dentro y hasta el día de hoy me quedo tratando de responderla. Prometo que, pase lo que pase, estaré a tu lado. Prometo ser un fiel amigo. Prometo que nada cambiará entre nosotros. Pero no me gusta. No me gusta prometer. Soy escéptico pero sí creo que las cosas no salen cuando uno las cuenta. Así también, considero que uno termina haciendo todo lo que alguna vez dijo que jamás haría. Las circunstancias orillan al cambio. No es que esté en mi mente traicionarlo de cualquier forma posible, pero las palabras sobran ante la veracidad de los hechos. Entonces, ¿es necesario prometer, o mejor dicho, es necesario esperar a que se cumplan?

A los dieciséis un amigo me forzó a que jugara fútbol con él y otros tantos. De todos los deportes en el mundo ese es el que menos me ha gustado pero ahí estaba yo haciendo el ridículo público. Lo importante de esto no es lo que hicimos sino dónde. El campo era enorme —bueno, ni lo era, pero para mí lo fue como cuando vas a algún lugar por primera vez y todo lo ves así, enorme—. Recuerdo que era como una imagen panorámica que no cabía en la visión de mis ojos. Casi casi tenía que empezar de un punto a otro como si estuviera leyendo. César me dijo que esto no era nada, y que algún día me llevaría a no sé qué lugar en la camioneta de su papá para que pudiera apreciar el cielo y su infinito a través de la noche así como alguna vez él lo hizo.

Pasaron diez años de eso. Aunque después de salir de la preparatoria seguíamos hablando, son más los años de ausencia que otra cosa. Después cerró su cuenta de Facebook y no volví a saber nada más de él hasta que un amigo en común me pidió que lo buscara ahí mismo. Y lo encontramos. Aparte de haberse casado también era padre. Este chavo pareció haberse tomado personal que nos excluyera de eventos así de importantes y no negaré que me tomó por sorpresa todo esto pero tampoco me sentí mal. Todos tenemos derecho de rehacer nuestra vida o simplemente seguir adelante acompañado de más o menos personas. ¿Eso lo hace mal amigo? Para mí, no.

Estoy seguro que lo hubiera resentido si eso hubiese pasado cuando nos veíamos a diario, porque él era ese amigo incondicional que siempre me acompaña en cada etapa que emprenda, y qué triste que "ese amigo incondicional" tenga distinto nombre, apariencia, y forma de pensar pero así ocurre con todos y con todo. No es reemplazo. Es "esa clase de persona" de determinado espacio y tiempo.

A veces me pregunto si se acordará de mí. Seguramente sí pero me gusta más saberlo que suponerlo. Dudo bastante que se acuerde de dicha promesa, porque yo sí y no porque me haya quedado con las ganas. Eso es algo aparte. Me gusta pensar que las promesas —de ese tipo— se concretan aunque no las experimentemos, porque al menos él tenía en esa noche la intención de hacerlo realidad independientemente de las posibilidades y circunstancias.

Las promesas no están hechas para cumplirse. Especialmente porque están sujetas a un tiempo definido y las capacidades presentes de quien las profesa.
viernes, 6 de diciembre de 2019

La mente es poderosa

Recuerdo que para superar a mi primer amor me costó un buen de tiempo. Fácil dos años si no es que más. Eso sumado a un tiempo de aislamiento y adicción a los juegos de Facebook que también se le atribuyen a otros detonantes que me quemaron los pelos al mismo tiempo. En fin.

Para mi siguiente crush medianamente imposible, me tomó una semana ejerciendo voto de silencio y un par de meses para que me dejaran de emocionar sus notificaciones dándome likes y esas cosas. Para el siguiente, que fue una relación de medio año, me costó eso si no es que un poco más: medio año. No saben lo horrible que es trabajar con el corazón partido y la mente en quién sabe dónde.

El siguiente fue un quedante tragedioso y no me cuesta tanto admitir que me hizo llorar el infeliz ése. Nada incomoda más que la indiferencia. Esporádicamente discutíamos y acabábamos peleados. Como golpe final el muy maldito me bloqueaba de donde me tuviera y ahí iba yo de pendejete a enmendar todo. Qué horror. Fácil se repitió unas tres veces más. Sabía que mi parte de culpa se debía a esos celos que me daban por saber que él ya andaba conociendo más chavos, mientras que yo no dejaba de pensar en él y en por qué parece que los demás se reponían súper fácil a comparación de mí, que tenía que recibir golpe tras golpe hasta medio entender las cosas. Y me frustraba no entender esa incógnita. Sé que el día que te vea como amigo será el mejor día de tu vida porque así acabarán nuestras diferencias, le llegué a escribir una ocasión.

Así fue como una noche, a nada de acostarme, me fui con la idea de mentalizar mi ser y comenzar a verlo diferente. Y aunque no me lo crean, para el tercer día ya no me molestaba tanto saber que andaba de coqueto y audaz con quién sabe quién. Hasta me regocijé al leerlo exigir mi anterior versión.

Sonará exagerado pero es la verdad. Y al principio parecerá demasiado cruel esta práctica pero al final me convencía a mí mismo diciéndome que esto no lo haría de no ser porque ellos me orillaron a tomar cartas en el asunto.

Desde entonces lo puse en práctica dos veces más, y no de manera exclusiva a intereses amorosos, sino también a amistades intensas. Siempre con la triste sensación de no estar seguro de querer hacerlo y justamente plantearlo hace que te toques el corazón y ralentiza la toma de decisión pese a que sabes que una vez desintoxicado te vuelves inmune a cualquier intento de resquemor.
miércoles, 4 de diciembre de 2019

Paralelismos 2009 vs 2019

Fotolog vs. Instagram
  • Pro: Ya subo fotos mías (y no robadas de google).
  • Con: No subo fotos.
Facebook vs. Facebook
  • Pro: Ya no me desbordo en mis estados.
  • Con: Ya todo es texto icónico-verbal aka memes y selfies.
Música
  • Pro: Ya no la consigo en Ares.
  • Con: Dependo de muchas cosas (disponibilidad de temas, membresías, wifi si es que ando de a gratis, etcetc).
MSN vs. WhatsApp
  • Pro: Ya tengo temas de conversación. :D
  • Con: Nadie me habla. :D
Dinero
  • Pro: Ya tengo (mío, y no —siempre— prestado).
  • Con: Todo está bien caro ya. >:(
Efectos de la cerveza
  • Pro: Ya no lloro.
  • Con: Me duermo.
Relaciones
  • Pro: Ya no le creo a cualquier patán.
  • Con: Me sigue gustando cualquier patán.
Ortografía
  • Pro: Mejoró junto con la forma de expresar lo que sea.
  • Con: ¿Quién me va a leer?
Como adicional puedo decir que no todo lo podemos tener en el momento deseado. Antes quería tener un blog pero no sabía qué ponerle, y ahora que tengo contenido no basto pero tampoco tan pinche y hasta con una plantilla bonice, solo falta que den de baja el servicio.

Mi pet, para la posteridad.

martes, 3 de diciembre de 2019

La cajera más pequeña del mundo

La verdad esto salió de la nada. Casi lo olvidaba pero volvió y me hizo recordar lo impresionado que quedé en el momento.

Iba (tarde) a una reunión con amigos y pasé a un oxxo a ponerle saldo a la tarjeta del camión y al celular, pero solo traía $30 en efectivo y lo demás en una tarjeta de débito que ya estoy empezando a usar para todo. Habían dos cajas, en una estaba una señora haciendo corte a la caja y en la otra una niña de como diez años cobrando un six. Pensé "seguro ahorita me atenderá la señora" pero no, el borracho se fue y me dirigí con la niña.

Para no hacer el cuento largo enumeraré los eventos así como acontecieron:
  1. Me dijo que no podía pagar con tarjeta si quería ponerle saldo a la del camión.
  2. Le pidió a su mamá que le pasara los tickets (uno nunca sabe para quién trabaja).
  3. Tecleó mi número la segunda ocasión de memoria.
  4. *tickets, tickets* Gracias, que le vaya bien.
lunes, 2 de diciembre de 2019

La vuelta de 360° a la que malamente le llaman soltería

Estar soltero después de una relación, independientemente del número de años o meses, es algo que no puede ser descrito como soltería per se. Podría aludir al divorcio pero sería una comparativa muy cínica, y cualquiera podría sentirse ofendido y, teniendo el peso de lo que es un divorcio o viudez en el peor de los casos, nadie tiene nada que objetivar; olvidémoslo. Entonces, si alguien me pregunta mi situación sentimental actual, no podré decir que soltero estoy, y emparejado tampoco por si preguntan "¿y entonces?".

Estoy dejado. Sí, ese es un mejor término, aunque en lo personal me sentiría más a gusto diciendo que mi entonces pareja "se me quedó a mitad de camino"; al parecer yo era un corredor olímpico y él apenas aprendió a caminar.
domingo, 1 de diciembre de 2019

Llegué a la parte de esa canción que dice:

I spend an hour getting ready every day,
And still I end up looking more or less the same.
Y lo sentí tan mío. Tan real.
Everyone could relate with that.
sábado, 30 de noviembre de 2019

Una incongruencia respecto a enamorarse a través de apps de citas

Una vez alguien me dijo lo siguiente: lo que esa app te da, esa app te quita.

Uno siempre aspira a vivir la historia de un par de chicos con vidas ordinarias que, al encontrarse, se sienten gemelos y viven juntos y unidos pese a las inclemencias de terceros y al final son felices y abiertamente homosexuales. Pero pareciera que la realidad es otra, una muy distinta, donde la voz de la experiencia nos advierte que, por nada en el mundo, así sientan deseos de amar y ser amados, jamás en la vida, ni en la siguiente si es que tenemos, busquemos pareja por este tipo de medios.

Amarás, claro que lo harás, pero también estarás sujeto a las letras pequeñas que tanta falta hacen en sus términos y condiciones las cuales son: no te enamores de tipejos que abusan de nuestra creación con fines sexuales; es simplemente absurdo. Lo cierto es que aquí nadie gana, y nadie pierde nada. Porque así es la vida, y así lo será para siempre, siempre y cuando no estés dispuesto a querer cambiar de sintonía.

Nadie es el enemigo, por ende, nadie es la víctima. Estamos dotados de iniciativa propia, sobrecargados de incongruencia y testosterona. Nos la jugamos al azar, todo sea por el premio mayor. Si lo ganamos, lo tendremos aunque nunca sabremos por cuánto tiempo ni cuál será el costo final. Todo gira sobre su propio eje. Van, vienen. Vas, vienes. Unos se quedan, otros se van. Algunos explican, otros ni se molestan. Al final, lo único cierto que nos queda, aparte de la vida misma, es que mañana será un nuevo día; una nueva oportunidad para concretar lo que se nos venga a la mente. Sabemos que así como podemos ganar, también podemos perder, pero nadie se va a casa sin la satisfacción de haber participado.
jueves, 28 de noviembre de 2019

La apariencia miente, el gaydar no

Hace un par de meses quería comprar un libro. Y no cualquier libro. Aparte de ser uno de los que más deseaba leer, hablamos de uno cuya existencia era casi nula. Dicho libro se encontraba, supuestamente, en dos sucursales de una misma librería en mi estado. En una de esas trabaja el ex de un amigo así que opté por ir a la otra (más lejos, para acabar) y así evadir momentos incómodos.
miércoles, 27 de noviembre de 2019

Fidelidad a uno mismo

Pensé que valía la pena ser quien soy aunque no me creyeran o me contradijeran. A fin de cuentas, los hechos valen más que las palabras y las palabras, a fin de cuentas, salen sobrando. No podemos recordar con exactitud lo que alguna vez nos dijeron pero lo podemos englobar en verdades, mentiras, groserías, insinuaciones, babosadas. Pero, ¿de qué sirve ser alguien en un lugar donde nadie más lo es? ¿De qué sirve mantenerte bajo cierta imagen cuando podrías ser lo opuesto sin problema alguno? Es como querer usar yenes en un lugar donde se paga con pesos.
martes, 26 de noviembre de 2019

Ya pasaron diez años

A veces quisiera detener el tiempo solo para darme un respiro y así poder, con más calma, apreciar la vida a como es a mis ojos en ese preciso momento, porque solo con el paso del tiempo uno puede reflexionar al respecto y evaluar su mentalidad en el pasado. Y me digo "chín, pude haberlo hecho mejor". Conocí un lugar que podría nombrar como casa donde todo era risas y fluir pese a que estábamos preparándonos para dar el siguiente paso porque el sedentarismo no es perpetuo.

Lo interesante que encuentro en los reencuentros es que la vibra jovial prevalece debajo del semblante de quienes, al igual que tú con ellos, te vieron crecer. Se planea previamente cuando antes nos teníamos hasta el hartazgo. Y puede que lo mejor se nos haya quedado allá, en el pasado, pero verlos ser igual o mejor que antes me hace sonreír y pensar que, bueno, ya no nos vemos tanto como antes pero aquí seguimos todavía, juntos, y con plena disposición a permanecer así.

Hago un intento en poner con palabras lo que siento aunque sé que se puede englobar en añoranza, y melancolía. Pero son términos que al menos en el diccionario denotan tristeza. Y no, no siento tristeza porque es más la felicidad de tener todavía la oportunidad de verlos y saber que sí, chingado, nos estamos poniendo viejos pero lo estamos enfrentando juntos.
lunes, 25 de noviembre de 2019

📖 Mujeres vengativas y transexuales sobre ruedas

¿Alguna vez han escuchado la historia de Shaye St. John? ¿Sí, no? En resumidas palabras es la historia de una joven que deseaba convertirse en una diva de Hollywood que acabó mutilada a causa de un accidente —aquí varía la historia, pero muchos coinciden con que fue automovilístico—, y tras esto usó de prótesis partes de maniquíes. Tenía un canal en YouTube y hasta un blog, ambos inactivos, y su historia ha sido presentada como "verdadera" y como creepypasta.

Aunque todo esto es falso, existe un libro que trata una historia bastante similar, escrito por nadie más que por el autor de Fight Club.
domingo, 24 de noviembre de 2019

📖 Sobre cómo Fight Club me hizo apreciar el trabajo de Palahniuk

Una ocasión, un amigo cinéfilo se sorprendió al saber que no había visto Fight Club ni por casualidad al cambiar de canal —misma anécdota se puede repetir con otras tantas películas igual de famosas e igual de "no las he visto"—. Me la recomendó. Aun así, no la vi. ¿Será porque es hiper valorada o porque pensé que su trama sería parecida a Rocky?

Tuve que acabar Monstruos Invisibles para que me nacieran las ganas de leer el best-seller que le daría distinción. Con anticipación sabía que me gustaría por lo bien que me la pasé leyendo su presuntamente primer novela escrita y las buenas opiniones que recibí acerca de la película, y de paso me quitaría de una buena vez la duda de por qué resaltan tanto un jabón rosa en las portadas.

Al igual que Monstruos Invisibles —¿tradición del autor?—, la novela, escrita en primera persona, comienza con un escenario caótico que rápidamente nos indica que forma parte del desenlace para después, en el siguiente capítulo, situarnos en el comienzo donde un narrador nos expone su propia vida sumergida en el conformismo y problemas de insomnio que ha controlado acudiendo a grupos de apoyo. Tras perderlo todo, pide ayuda a Tyler, un tipo opuesto a él en todo con quien, tras pelear uno a uno para liberar el estrés de la cotidianidad, comienza un grupo secreto que se reúne al caer la noche con la misma finalidad.

Chuck utiliza perfectamente las carencias de escribir en primera persona para así conducirnos lentamente a revelaciones que le cambian el rumbo a la historia e incluso darle sentido porque nuevamente estaba con la duda de no saber hacia dónde es que el autor planeaba llegar con tantos detalles sin conexión y personajes sin rumbo aparente comandados por su voluntad.

Una de las cosas, si no es que la única, que no me terminó por convencer fue su final. No diré que no me gustó porque ni le entendí. Días después vi su adaptación al cine y sí que se apega bastante al libro, con dos variantes que son algunos eventos omitidos o desplazados para antes o después de cuando deberían ocurrir, y su final. Elementos elevados como una pelea entre el protagonista y Tyler para un cierre magistral (y un fiel guiño a las costumbres de Durden).

Hay una disyuntiva cada que empiezo un libro. La primera, si llevo días de haber acabado uno, es la complicada tarea de familiarizarme con el estilo del autor y el nuevo ecosistema y lo que le compone. La segunda, si ya he leído alguna otra novela del mismo autor, es acerca de las expectativas que nacen a raíz de la experiencia.

En cuestión de sagas, soy fiel a la de Frey & McGray de Oscar de Muriel, y pase el tiempo que pase, empezar una nueva entrega me hace recordar todo lo que encontré y me gustó de sus trabajos pasados. Con Palahniuk me pasa algo parecido, la diferencia radica en que, pese a que los leí en español y el trabajo de traducción corrió por parte de una persona distinta para cada uno, desde la primera página me siento familiarizado con todo y sin tener ni la menor idea del rol de cada personaje y objetivo.

Para mi gusto, encuentro su lectura muy satisfactoria. Desde su manejo de plots teniendo la sutileza de dejar pequeñas pistas por todos lados, el sarcasmo y forma de retratar el psique humano. Otra de las cosas que tanto me han maravillado de estos dos libros es la cantidad de citas que uno puede sacar de ellos. Inclusive los puedes encontrar en internet hechos imagen. Al momento en que los encuentras por entre sus páginas, te resultan interesantes y a veces confusas —me pasó con "Todo parece la copia de una copia de otra copia." que no entendí al principio pero de igual manera se me quedó grabada hasta que meses después resonó en mi cabeza ahora con todo el sentido del mundo—.

Todo esto me hizo considerarlo mi autor favorito pero solo he leído dos novelas, o sea, ¿cómo? Pero, ¿qué característica hace de un novelista tu favorito? ¿Debo saber la historia de su vida? ¿Haber leído cada una de sus obras y sobretodo me tienen que gustar? Porque sí, aún estoy en busca de Asfixia tanto por su trama como por las buenas críticas con las que me he topado. Las demás no han tenido buena recepción, por lo visto. Y dudo que eso me quite las ganas de intentarlo porque al final leo lo que me interesa y no porque sea mundialmente aclamado.

Así que, ¿qué convierte a un individuo en admirador? Sea como sea, y se mida como se mida. Al menos bajo mi criterio la pluma de Palahniuk me parece tan desenfadada que cualquier sentimiento que quiera presentar conecta fácilmente. Y yo sé que muchos valoran con creces, por lo menos, las dos novelas de las que hablo, pero no conozco alguien que lo considere su autor favorito sino alguien que ha gustado de leerlo y ya. Reconoce pero hasta ahí, pues.

Sé que es decir mucho considerando lo poco que conozco pero tampoco es que este post defina mis mañanas. Solo cubre lo que es hoy y hoy digo que leer a Palahniuk es una experiencia, y de las gratas.

⭐⭐⭐⭐⭐

Frases favoritas:

"Tienes que saber, no temer, saber que algún día vas a morir, y hasta que no entiendas eso, eres inútil."

"Tú no eres tu trabajo, no eres cuánto dinero tienes en el banco. No eres el auto que conduces. No eres el contenido de tu billetera. No eres tus malditos pantalones. Eres la mierda obediente del mundo."

"Somos los hijos medianos de la historia. Sin propósito ni lugar. No tenemos la gran guerra. Ni la gran depresión. Nuestra gran guerra es espiritual. Nuestra gran depresión son nuestras vidas."

"Así es tu vida, y se está acabando un minuto a la vez."
sábado, 23 de noviembre de 2019

Las veces que robé libros para salvarlos de primates e inclemencias del futuro

La primera vez que hurté (un libro, porque no dudo haber delinquido con anterioridad) fue en la secundaria. Por razones que no recuerdo la biblioteca del plantel educativo optó por repartir los libros a cada uno de los salones para quedarse ahí apilados sobre una repisa flotante color naranja rancho alegre viéndose bien inútiles porque hasta como adorno pasaban desapercibidos.

Ni siquiera me acuerdo cómo es que algunos de esos libros caían en mis manos porque no recuerdo haberme desplazado de mi asiento hasta esa repisa para tomar uno con determinación y curiosidad necesaria. Supongo que se debe a que mi grupo acostumbraba realizar "guerra de libros" y como idiotas lanzaban los que tuvieran al alcance en un todos contra todos.

Así fue (supongo) como llegué a dar con este libro. No tiene nada más que ilustraciones que "narran" las penurias de un cuadrúpedo abandonado en la carretera. Es de imaginarse que quedé tocado con semejante cosa si les digo que lloré a raudales con la película Siempre a tu Lado.

Lo dejé estar en la repisa fea pero con una idea demandando quedárselo en un susurro casi inaudible. Como las guerras no cesaban, y no iban a, me armé de mucho valor consciente del delito que estaba a punto de cometer y realicé la difícil tarea de meterlo en mi mochila. Y ya. Fue todo. No me sentí mal porque un mal no le estaba haciendo a nadie. Es más, estaba seguro que semanas después me lo volvería a encontrar convaleciendo en el bote de basura por las actitudes impertinentes de mis compañeros.


La segunda audacia la elaboré en la preparatoria. Me enfermé de una rebeldía sin causa por un lapso considerable y durante ese tiempo me la pasé de vago con otros más dentro y fuera de las instalaciones. Una ocasión nos metimos a un salón desocupado por la simple razón de estar y pendejear porque qué más se podría hacer aparte de arrastrar los pies y la mochila aquí y allá.

El escritorio era de concreto con un espacio rectangular por debajo donde iban a parar libros pertenecientes a una raza antigua de pies descalzos. De entre ellos destacó uno azul que resultó ser de Literatura del semestre previo al que estaba en curso. Pese a que no conocía absolutamente nada más que un par de novelas y autores populares —como Stephen King o Harry Potter, por ejemplo—, sabía que La Metamorfosis es una de las obras más influyentes de la literatura, y esa fue razón suficiente para sopesar la idea de hurtar por segunda ocasión. Supongo que habré pensado que me juzgarían de ñoño si me veían apropiándome de ese libro así que lo dejé en el lugar donde lo encontré hasta que decidimos irnos de ahí (o nos corrieron).

Me detuve a escasos pasos detrás de ellos y, decidido como nunca lo he estado en mi vida, di media vuelta y le cambié el rumbo de su existencia llevándomelo a casa. Eso ocurrió hace diez años y hoy es día que no lo he leído. Y esto solo hace que sienta que el crimen cometido fue en vano. Pero la esperanza muere al último, ¿no?

Cabe destacar que no estoy justificando un robo, especialmente porque las excusas las confunden con razones o tergiversan su significado a conveniencia. Aunque pensándolo bien, no, no me arrepiento. Sé que pudo ser peor pero no lo fue y técnicamente no eran de nadie so there.


viernes, 22 de noviembre de 2019

📖 Posiblemente mi novela favorita de todas

La segunda vez que batí mi récord de tres meses fue con La Última Salida de Federico Axat, acabándolo en nada más y nada menos que una semana y cuatro días. Véase que lo compré desinteresadamente. Traía antojo de un libro y, aparte de quedar cautivado por su premisa, el nombre del autor me sonaba familiar pero no sabía de dónde exactamente (de Benjamin, su primer libro, el cual aún no leo by the way).

📖 El primer libro juvenil que leí (y me gustó)

Si mal lo recuerdo, el último libro que leí me tomó más de un año en acabar, y para variar, no veía indicios de retomar el hábito de la lectura y no es que eso también estuviese en mis planes. Pero, en 2017, fue cuando esto cambió con un libro que tantas ganas me daba por conocer. Para entonces yo no tenía un conocimiento basto en la materia, por lo que si me interesaba a partir de la sinopsis, independientemente del género, lo leería.

Así, señoras y señores, fue como di con Y Todos Miramos Al Cielo, de Tommy Wallach.


La historia sigue a cuatro chicos opuestos uno con otro pero con una misma inquietud: la incertidumbre de no saber lo que quieren para sí mismos ahora y después. Todo este panorama impreciso da un vuelco cuando un asteroide amenaza con caer y las probabilidades de que, con su llegada, acabe con la vida tal y como la conocemos son altas. La duda, mezclada con el delirio colectivo latente, hace que ellos se planteen la forma en como perciben la vida y se arriesguen a vivirla como si no hubiera un mañana.

Quise empezar mi serie de recomendaciones de libros con este precisamente porque, aunado a lo dicho al comienzo, fue con el que batí mi récord imaginario de haber acabado un libro en menos tiempo con tres meses exactos (lo sé porque mantuve el ticket por alguna razón).

El libro maneja la misma fórmula, que hemos visto hasta el hartazgo, de tener como protagonistas a un número de cuatro o más adolescentes opuestos y con características tan clichés como el atleta, la nerd, el zángano y la introvertida (medio extrovertida). Supongo que ser primerizo en este terreno hizo que me encantara el libro de inicio a fin.

Un elemento importante en la trama es la inquietud de seguir un futuro predeterminado por otros. Por ejemplo Peter, el atleta, que sabe que ya tiene su futuro asegurado pero duda que eso le haga feliz toda la vida. Esto, junto con la amenaza del cuerpo celeste, hacen una mancuerna muy interesante que define las decisiones de paranoicos y escépticos a corto y largo plazo.

Pese a que en momentos la intriga cae y sube considerablemente, esta novela juvenil me resultó entretenida y sobretodo divertida.

⭐⭐⭐⭐⭐

Lo que era no es lo que soy

Uno puede pasar toda una vida haciéndose el fuerte. Puede recordar que lo hace pero después de un tiempo olvidar el por qué. Las situaciones orillan al cambio, y puede que olvidemos el motivo pero sabemos con toda certeza que fue por algo desafortunadamente importante. Una vez que te metes de lleno en la caracterización no conoces otra vida que la que llevas a todos lados. Sabes que fuiste algo más antes de todo esto, y por simple que parezca volver a ser lo que eras, lo cierto es que no encuentras la manera.

"Lo que era no es lo que soy. Y lo que soy no es aún lo que puedo ser." — John Katzenbach (El Psicoanalista)
jueves, 21 de noviembre de 2019

Epitafio (muy largo para serlo)

Preguntar el por qué hablar de algo que te hace daño es lo mismo que preguntar el por qué no hacerlo.

¿Por qué conmemorar la partida voluntaria de alguien que alguna vez te quiso y que ahora ya no? Algunos lo verían como un acto en vano.

"Eso no lo traerá de vuelta", "chavos hay de sobra", "el mundo no acaba en esa relación".

Podría dejar todos estos escritos de lado y seguir mi vida como si jamás hubiese ocurrido. Es tan fácil. Pero ocurrió. Lo hice. Escribí acerca de ello. Y abandonarlo sería aún peor que abandonar una idea que jamás pisó tierra ni tuvo forma alguna.

Hoy es 21

Hoy es veintiuno de noviembre, y si mal lo recuerdo, hace diez años, si no es que más, estaba metiéndome en esto de "bloggear" más que nada porque era lo que más me movía las ganas de invertirlo en mis ratos de ocio. ¡Oh, qué novedad!

La verdad ya llevaba rato dándole vueltas al asunto y hoy en medio de un berrinche interno me dije a mí mismo: pues, como que hay que volver de nuevo, ¿no? Total, no tengo idea de si alguien, por alguna razón inexplicable, llegue a dar con este blog ni mucho menos con este post y, ya de plano, dudo bastante que me importe y moleste eso así que, ¿bienvenido?

Me gusta escribir, y a veces no sé exactamente qué, pero de ratos lo hago y cuando tengo algo bonito para mi criterio ni lo publico así que me decreto postear de manera pública cualquier idea vaga. Sí. 

Y la verdad, aparte de todo ese disparate aparentemente incoherente, tengo la intención de hablar de mis gustos, pues de qué más. Así que ahí van dos cosas. Uno, que no queden en mis blocs de notas pensamientos vagos, y dos, hablar de cosas que me gusten al grado de hacerme un blog en pleno 2019. Una tercera puede ser, a su vez, mejorar mi ortografía, porque uno nunca acaba de pulir algo como es el conocimiento. Hacer algo con el exceso de comas y saber usar y aplicar los guiones, y signos de puntuación. Todo sea para no depender del autocorrector si es que algún día caigo en sus brazos.

¿Será todo por ahora? ¿Esto cuenta como hablar solo? Ya de plano, para mí, cuenta como victoria, pírrica pero a fin de cuentas victoria, el persistir con esto y, pues, eso. Gracias.