Copyright © autoficción at its finest
Design by Dzignine
domingo, 30 de marzo de 2025

Algo sobre Astro Bot

Hace unos meses tuve la oportunidad de jugar Astro Bot. Tiempo atrás jugué Astro's Playroom, y la verdad es que todo, desde la jugabilidad hasta el soundtrack, me dejó con una agradable sensación al apagar la consola. Aunque disfruto cada juego con todo y sus aportaciones al usuario, y por más raro que suene, lo reconfortante recae en que lo divertido lo encuentro en la jugabilidad. Hace tiempo que un juego no me atrapaba tanto por las mecánicas de su personaje, tanto así que supongo mi memoria a corto y largo plazo deben estar tan rancias como para no recordar la última vez que experimenté algo así, y por normalizar un estilo de juego susceptible a los trofeos o directos a través de mi canal de YouTube.

Volver al mundo de Astro, ahora como juego y no como demo, representó una lluvia de expectativas que, o podían salir bien o podían caer en la monotonía. Aun así, nada de todo lo que pude haber pensado me preparó para la verdadera experiencia. Si bien la primera entrega, o demo técnica, era algo así como una carta de amor a las consolas que existieron antes de la PS5, Astro Bot fue más allá, trayendo consigo no solo la iconografía contemporánea de cada etapa y sus exponentes, sino también aquello que le dio sentido y forma a la jugabilidad de una generación: su esencia.



A simple vista, todo parecía ser una continuación directa del "primer juego". Este es Astro, este es el enemigo y esta es la misión. Explorar sus galaxias por medio de misiones, recolectar monedas y encontrarte con otros Astros vestidos como personajes de juegos generacionales; desde los más reconocidos a aquellos que me hacían decir "wow, sí que fui criado por PS". Y es que, la verdad, jamás habría pensado que se acordarían de juegos como Resogun.

La sorpresa, al menos para mí, sería al concluir cada galaxia; situación en la que se desvela una misión adicional en la cual Astro tomaría el rol de un personaje específico, y la jugabilidad se reformularía a una especie de déjà vu. Fue gratificante atrapar monos con una red; sentir que juego una experiencia que, aunque no me tocó jugarla, la tuve muy presente por relanzamientos a consolas que sí tuve (como la PSP) pero que de igual forma no pude jugar.

Esto me lleva al nivel de LocoRoco. De todas las referencias personificadas, esta fue la más distintiva por su remarcable diferencia en jugabilidad y, para mí, la más memorable por cuestiones personales. Acabar la misión me dejó con sentimientos encontrados (y sí, unas ganas inexplicables de llorar). Algo así como haber estado, pero jamás haberlo vivido. Sentí nostalgia por un juego que jamás jugué. Muy seguramente fue una reacción de saber que el mundo donde yo crecí ya no existe. También, el sentir culpa de no haber sopesado la idea de jugarlo tan solo porque no ofrecía una experiencia de consola de sobremesa en una portátil.


La nostalgia se expandió por distintas razones. A veces se sentía bien saber que aún se acuerdan de juegos que llevan ausentes por años o generaciones (y seguramente faltaron muchos que ni conozco). En otras, me inundaba la molestia de recordar personajes potenciales a ser las mascotas de PS, pero que quedaban asidas a una generación a falta de apoyo por parte de sus desarrolladores (o cuestiones decisivas por parte "de los de allá arriba"). O quizás, y solo quizás, porque cada una de estas fueron las mascotas que representaron a una consola y su generación. Esa era su vida útil, y probablemente lo mismo le depare a este robot. Quisiera decir que no, pero eso es algo que bien puedo decir de Sackboy.

Supongo que esa es la forma de ver las cosas a través del control de PS, contrario a otras compañías que transforman sus personajes de acuerdo a las tendencias del momento. Supongo que ninguna es mejor o peor que la otra, solo son formas diferentes de ver y vivir la vida. De allí podemos decir que, sí, maldita sea, la longevidad parece existir gracias a quienes aún le recuerdan que aquellos quienes pueden mantener activos esos ecosistemas que actualmente yacen en el apartado de "clásicos". Pero no fueron olvidados por ellos, tampoco. Se les reconoce por su legado, aun y aunque parezcan un pequeño engrane de un todo que es el mundo de Astro Bot; un todo que no es todo sin ese algo que definió una forma diferente de hacer las cosas.


domingo, 9 de febrero de 2025

Esta idea cumple dos años

Desde hace como dos años dejé de postear cosas en mi FB personal. Pensé que se debía a que vacío mis piensos aquí. Pensé que se debía a que infringí mi propia regla de no aceptar contactos a diestra. Pensé, pero no me convenció ninguna. Me hice otra cuenta, y esporádicamente le llené de mi vida propia. Sentí este renacer como hombre topo algo reconfortante. Algo necesario.

No sé desde cuándo veía estados ajenos, publicaciones y demás; gente sonriendo, haciendo vida, compartiendo, expresando. Pensé bueno, ¿qué sigue? Interesante pregunta, ¿de dónde viene, y hacia dónde va? No es que le haya tenido miedo a la fuga de información, o que sea cuestión de autoestima. Me cuestioné sobre a quién realmente le comparto eso. No me refiero a contactos ni gente que dé con mi perfil. ¿A ellos? ¿A mí? ¿A lo que seré a futuro?

lunes, 13 de mayo de 2024

Como tú, tú

Creo que uno no se da cuenta de que algo le falta hasta que crece. Ese deseo, casi meta, está allí, contigo. Una búsqueda sin rumbo fijo, donde ya ni te preguntas si algún día esta búsqueda acabará, porque los pasos que has dado llevan a preguntarte si eso que crees buscar yace en alguien más. Pero no puedo culpar a los demás por los estragos de la vida; de mí vida. Al final, no queda de otra que aceptarlo tal cual es.

Sé que mi vida no sería la misma a lo que es hoy si tú estuvieras aquí, tanto que podría fundir en texto treinta años en hubieras. Siempre tan dedicada y atenta, y a veces necia como yo. Es así como te llevo conmigo, porque tu presencia vive ahora en mí, desde mis actitudes, gusto por la literatura y las películas de intriga, forma de pensar, y todo detalle que hace que, quienes te conocieron, me recuerden lo mucho que les recuerdo a ti.

Quisiera contarte tanto, aunque me termines regañando. Escucharte decir todo eso que mis oídos novatos no tenían permitido escuchar. Confesarte que nunca me acostumbré a verte partir los días que me dejabas en el kinder. Que supe que nunca más te volvería a ver aunque los demás trataran de convencerme de lo contrario. De alguna forma lo supe.

Que te extraño de muchas formas. Como guía, como escudo. Como mamá. Contarte mis triunfos y apaciguar mis derrotas contigo. Escucharte decir que todo estará bien aunque a simple vista las cosas vayan empeorando, y sentirme seguro y a salvo aunque no te crea; porque sé que, pase lo que pase, al final del día tú estarás allí conmigo.
sábado, 25 de septiembre de 2021

Qué padre sería

poder leer la mente. Poder decir siempre supuse, pero de igual forma quería saberlo. Estuve leyendo un viejo escrito aquí en mi blog y pensé en cómo reaccionaría esa persona si supiera de su existencia. No lo considero alguien que navegue por entre las redes de sus cercanos, y menos que lea sus piensos, pero de vez en cuando me ha sorprendido con sus preguntas curiosas y cursilerías aprisionadas.

Le imaginé pensando mucho, y de ahí surgió el deseo de saber. Imaginarle preguntar el por qué de esas palabras. Pero también imaginé verle pronunciar un no entenderías. No es tiempo, o quizás nunca lo será. Decirle lo sé; siempre supuse, aunque se tratara de una negación o aceptación a lo antes mencionado. Querer es poder. Querer poder; desear oportunidad. Poder querer aunque no se pueda o no se quiera querer. Ser querido y ser lo que se quiso ser con él.

martes, 10 de agosto de 2021

Solo aparezco

cuando ando de buenas, y no cuando tengo algo qué contar. Hoy ninguna, o quizás sí. Ando como cuando uno regresa (a la fuerza) a la soltería y ni ganas dan de saber quién te ha dejado de seguir o de qué trataba ese chisme que prometía alterar emociones.

No vengo de una relación sentimental sino laboral. Y lo siento como cuando uno vuelve de un largo viaje. Muy bonito todo, fue divertido, aprendí mucho, viví grandes momentos y reí como cuando tenía catorce; debí dejar una nota de qué hacer en estos casos. Me llaman y me dicen que qué ausente he estado y yo solo puedo hacer énfasis en que la sorpresa aquí es que ya pasaron dos semanas; ¡¿cómo que ya es agosto?!

Nunca celebro mis cumpleaños, y este no iba a ser la excepción, pero las circunstancias obstruyeron mi ser. Mis ganas se apagaron como las velitas que no soplé. Pero la vida sigue aunque uno ande madreado. El descanso no te sabe a descanso y ya cuando lo estás asimilando te miras a ti mismo pensando en cómo será el siguiente gran paso. Bien, ya edité el cv, ya me puedo ir a dormir.



Playlist de: lo que ese ciclo suena para mí. 

lunes, 7 de junio de 2021

Vengo en son de paz

Pero parece que nunca me voy igual a como vine.

Ayer fui a casa de un buen amigo, acompañados de un amigo suyo que me hace recordar a aquellos a quienes les sacaba la vuelta en la secu. Él fue el primero en irse. Después de ahí platicamos de aquello que parece estar sanando en nuestras vidas. Le confesé tengo unas enormes ganas de ponerle fin a ese vínculo que tengo con R, vínculo que parece existir a base de incertidumbre. Le dije que, desde que tiene novio, ha evadido comunicación conmigo y vuelve cuando quiere (y sin razón aparente).

Pasa que su novio me odia. Cree conocerme por todo lo que R le dijo de mí. Algo así como creo conocer a D por todo lo que mi amigo dijo de él. Cuesta creer que existe gente así, pero no todos analizamos las posibles causas de sus determinados actos. Entonces, me dijo él, ¿por qué simplemente no dejas la puerta abierta? ¿Por qué alterar el orden de esa manera?

Desde que R volvió allá por el verano del 19, me pregunté el por qué le seguía dando entrada a mi vida si las cosas no serían igual que antes (y muy probablemente se terminaría yendo semanas después). Te veo, te escucho igual que antes pero eso que pronuncias no suena interesante, ni interesado de tu parte. Sentí que visitaba una vida que ya no era mía. Persistí, de todas formas. Y ahí entendí que yo nunca quise que se fuera. Pero lo hacía.

Sé que a veces no hay que esperar. Las cosas llegan por sí solas. Lo sé porque eso se lo dije a mi amigo. Y la ausencia de R no me martiriza tampoco. Le pienso, sí. Pero no me duele. No me enoja. Creo que solo quiero aprovechar la oportunidad de decirle lo que pienso. Que si no me he ido es porque si lo hago no vuelvo. Quizás no cumpla con el "nunca" pero de volver igual a como me fui, pues, no.

Me quedé sin internet por una semana, pero aún no respondo los mensajes de hace como dos semanas. Denme tiempo. El trabajo me absorbe mucho tiempo. Y creo que le falta más sal pero a la herida.